miércoles, 1 de marzo de 2017

“DESAGRAVIO A JESUCRISTO DIOS Y A LA VIRGEN SANTÍSIMA”.

Hoy ruego me permitan decirles: Mi respuesta al acto "de frivolidad blasfema en la gala Drag del Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria", y que titulo:


“DESAGRAVIO A JESUCRISTO DIOS Y A LA VIRGEN SANTÍSIMA”. 



El canario no blasfemaba nunca y menos, lógicamente, hacía actos blasfemos.
“JAMÁS OÍ UNA BLASFEMIA EN MI JUVENTUD Y DESPUÉS DE MAYOR”.  Solo ahora y con el espantoso añadido de actos blasfemos.
¿A qué se debe este aterrador cambio?  No lo sé.
Por supuesto, esto depende de la educación, sin lugar a dudas.
Se sea canario o no: ¿Quién admite que le ofendan a lo más sagrado, que le ofendan a su padre, que le ofendan a su madre?
La libertad es respetar. Doy mi vida por Jesucristo y por la Virgen del Pino y por la libertad.
Quien ofende falta a la libertad. Pero sin lugar a dudas.
Quien ofende falta a la libertad, y en este caso ser, además, un blasfemo.
Y ¿Por qué y para qué ofender? Y máxime con actos blasfemos. 
Lo que debió haber sido un espectáculo fue un esperpento blasfemo.
Ni lo entiendo ni lo entenderé jamás.
Ni lo entiendo ni lo entenderé jamás.  Porque mi respeto a todas las personas, y por mi libertad, me impiden ofender a nadie, pero a nadie.


El señor Obispo ha emitido un comunicado por el acto "de frivolidad blasfema en la gala Drag del Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria" celebrado antes de anoche, en el que nos convoca a todos a participar en la Eucaristía que se celebrará en la Catedral el próximo día 3 de marzo, viernes, primero de Cuaresma, a las 19.30 de la tarde, para pedir perdón.
Ruego la masiva asistencia a dicha Eucaristía en la Catedral, que repito: será el próximo viernes, día 3 de marzo, a las 7 y ½ de la tarde.
Gracias por la asistencia y por los ruegos de pedir perdón a Jesucristo Dios y a La Virgen del Pino nuestra madre y Patrona.

Gracias. Muchas gracias.

“¿QUIÉN ES MI VECINO?"



“¿QUIÉN ES MI VECINO?"

 Mi vecino es quien vive cerca de mi casa, quien vive en mi pueblo, y a quien me encuentro y saludo en mi camino diario.
Los vecinos más cercanos debemos ser los que nos conocemos mejor. En especial, por el trato más frecuente y porque nos saludamos con cariño.
Tengo unos grandes y maravillosos vecinos.
El cariño es fundamental para las relaciones de buena vecindad. Si no trato a los demás con cariño, si no me tratan con cariño, seremos unos conocidos, pero no unos verdaderos vecinos.
El que vive entre vecinos es un afortunado. El que vive entre conocidos, o peor aún, entre quienes ni llegan a conocidos, es un desafortunado.
El saludo cariñoso es el inicio de comunicación entre vecinos. La ausencia del saludo no anula la vecindad, pero demuestra una mala educación.
Somos seres sociales por naturaleza y también deberíamos serlo por educación. La ausencia de esos comportamientos resta y hasta puede llegar a quitar la felicidad que da la relación de buena vecindad, y la vivencia de la libertad personal y social.
Ser vecino es algo muy importante en la vida de las personas, de la comunidad inmediata y del lugar que habitamos. Y para mi es fundamental.
La buena y educada vecindad es uno de los placeres y ventajas de esta vida. Es el medio más cercano y más inmediato para la ayuda mutua, en todo lo que sea necesario.
Ahora bien, para vivir y gozar la felicidad de la honesta y educada vecindad no basta con decir: Señor, Señor y saludar. El saludo debe ir acompañado de actos de cariño, todos los días y en todo momento.
La buena vecindad es una de las demostraciones del Primer Mandamiento: amar a Dios sobre todas las cosas y a mi vecino como a mí mismo. Si uno no es creyente puede amar al vecino como a sí mismo.
Dichosos los que vivimos en buena vecindad. Doy constantes gracias por lo afortunado que soy. Vivo a diario en medio de una maravillosa vecindad en donde el cariño es notorio y expresivo. Y siempre con una sonrisa ¿Cómo está? ¿Cómo están los suyos? ¡Le hemos echado de menos! Etc. etc.
La vecindad se aprende desde niño, por la educación y el ejemplo recibidos de nuestros padres, y para luego practicarla, incluso entre nosotros mismos y nuestra familia.
La vecindad jamás se olvida. Todo lo contrario. Con los años se fortalece, se goza más y une más. Y más se echa de menos cuando falla.
Hagamos votos porque la buena vecindad sea la norma en la conducta diaria de toda la humanidad, y así disfrutar de aquello para lo que hemos nacido: ser muy felices y muy libres, lo que se aumenta con la buena vecindad.
Es lo que deseo y espero, para ello aquí estoy.

¡Quien es mi vecino! ¿Quién debe ser mi vecino? Mi amigo más cercano.

Por favor, si desea contactar conmigo de forma privada:

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