viernes, 4 de septiembre de 2020

“¡LOS USURPADORES!”

  


“¡LOS USURPADORES!” 

Usurpar es apropiarse injustamente, vilmente habría que decir, del cargo, de la responsabilidad o de la identidad de otra persona o cargo.

Usurpar es apoderarse injustamente de un derecho o cargo que, por justicia, no le corresponde.

La usurpación y el usurpador siguen existiendo.

Hay quien puede usurpar un cargo por alianzas malignas, o porque ha sido apoyado por quien ostenta el poder, quien, a su vez, puede que haya conseguido ese poder de forma y manera, cuando menos, dudosa. Porque el mal se une y se suma al mal.

Hay usurpadores, y los habrá, mientras siga existiendo el demonio del mal. Hay personas que por el poder se someten al mal, se convierten en verdaderos esclavos del mal.

En la política, y en los cargos de autoridad, existe la posibilidad de que haya usurpadores que ocupan cargos de gran autoridad.

“¡Las sociedades se convierten en marionetas cuando no existe la honesta participación y unión de los ciudadanos!”

Las sociedades que permiten la autocracia, permiten, con gran facilidad, el desarrollo y el poder de los usurpadores.

Se puede ser un usurpador con todas las de la ley, la ley o leyes vigentes en cada momento.

Hay acuerdos políticos contra natura, apoyados por leyes injustas, que permiten que quien menos votos sacó tenga un cargo de responsabilidad local o nacional.  Eso es usurpar.

Que haya usurpadores es una consecuencia de la pasividad e inactividad del pueblo, y las alianzas contra natura, para tener poder.

Los arribistas, que son una forma de usurpadores, se aprovechan del pueblo pasota, y de las creencias de las personas de buena voluntad, para usurpar el poder en las instituciones que son el objeto y la ambición del usurpador.

Mientras no haya un pueblo honesto, unido y participativo, el desarrollo de los usurpadores, arribistas y obsesos por el poder está asegurado.

El poder y el presumir del cargo son ambiciones de los usurpadores y de los obsesos del poder.

Un país que permite que a los puestos de gobierno, a los puestos de autoridad y responsabilidad de gobierno, arriben usurpadores y obsesos por el poder, está condenado a sufrir las consecuencias del mal que esas personas generan para conseguir sus metas, sus ambiciones, y sus ansias de poder y representar.

Esos usurpadores están sometidos no solo al mal, sino al mal de los que los sostienen. Son marionetas que apoyan y secundan las órdenes que les dan los que le sostienen en el poder.

“¡Usurpar es un delito de lesa humanidad!” Que no tiene caducidad.

“¡El usurpador destroza todo lo que tiene de bueno la autoridad!”

El usurpador es un mal que siempre hay que tratar de evitar, porque por donde va y hace, va dejando una estela de maldad que puede llegar a salpicar a toda una sociedad, incluso a todo un país.

Los usurpadores tienen que ser desenmascarados y apartados de la autoridad, del poder que tengan. En caso contrario, la sociedad sufrirá las consecuencias del mal.

Los usurpadores son los grandes enemigos de la sociedad.

Los usurpadores son una lacra que hay que eliminar.

Los usurpadores son súbditos del mal.

El usurpador es una aliado del mal.

El usurpador es un enemigo fatal.

El usurpador es el mal.

miércoles, 2 de septiembre de 2020

“¡QUIEN DESPRECIE A SU HISTORIA, NO ES DIGNO DE ELLA!”



“¡QUIEN DESPRECIE A SU HISTORIA, NO ES DIGNO DE ELLA!” 

Despreciar o ignorar su historia no es digno de ella, ni de merecer tener la nacionalidad que tenga.

Quién desprecie o ignore su historia es un indigno ciudadano.

Quien desprecio o ignore su historia debe abandonar la patria que lo acogió, sin merecerlo, por su deslealtad a lo que es imborrable: la historia.

"¡La historia son los hechos reales, y vividos, de cada segundo de la vida!"

"¡La historia jamás podrá ser olvidada!" "¡Y menos borrada!"

No hay nada ni nadie, ni lo habrá, capaz de borrar su historia, la social y la nacional.

El día a día es algo imborrable, por mucho que se quiera desvirtuar u olvidar.

Lo vivido cada día, el día a día, es imborrable, porque no hay, ni habrá, la posibilidad de borrarlos.

Quién repudie su historia no consigue, por mucho que quiera, borrar, ni olvidar, la historia.

La dignidad personal, social y nacional se consigue con los hechos de cada día.

Los hechos de cada día los vamos creando y realizando con nuestros actos de cada día.

Los hechos de cada día los vamos realizando mientras vivamos.

No hay nada ni nadie capaz de borrar los hechos de cada día.

Los hechos de cada día van marcando el destino que vamos recorriendo libremente, pues es el que hemos elegido.

Borrar la historia es de ilusos e indignos de la historia que han vivido.

"¡Tratar de borrar la historia es como convertir el día en la noche, y la noche en el día!"

Hay personas malignas que tratan de borrar la historia para justificar u ocultar sus fechorías.

Hay quien quiere cambiar la historia a su medida, y a su conveniencia.

Quién ataque la historia constitucional de su país, tira piedras contra su propio tejado.

"¡Los pueblos son grandes por su historia!"

Olvidar su historia, nuestra historia, no solo es un pensamiento erróneo, porque el olvido no deshace los hechos. Sino que los pueblos grandes son los que tienen historia con hechos de grandeza, junto a debilidades, pasos atrás y pecados.

"¡Quién esté libre de pecado que tire la primera piedra!"

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