miércoles, 2 de diciembre de 2020

“¡SIEMPRE SE PUEDE MEJORAR!”



“¡SIEMPRE SE PUEDE MEJORAR!” 

Siempre se puede mejorar si hay la voluntad y la decisión, real y verdadera, de progresar.

"¡Progresar debe ser saber elegir el camino que debemos recorrer!"
"¡Progresar debe ser elegir el camino a donde uno quiere llegar!"
"¡Para llegar hay que haber sabido elegir el camino, y la decisión de llegar!"

Ser pusilánime -falto de ánimo, valor y coraje- es parte de la idiotez y de la inactividad –la falta de participación- en todo lo que nos concierne, incluso a la hora de elegir el camino para llegar donde queremos.

"¡La decisión es parte fundamental en la solución!"
Decidir debe ser un acto pensado y meditado conscientemente, para no errar en el destino que hemos decidido.

La vida nos ofrece oportunidades, la ciencia y el saber, están en saber elegir lo correcto.

¿Y qué es lo correcto? Lo que a uno le conviene para ser bueno y hacer el bien.

Con frecuencia suelo hacer esta oración: Padre Dios dame lo que me conviene. No lo que yo crea que me conviene, lo que crea Padre Dios.

Nadie mejor que Él sabe lo que nos conviene.

La vida es muy corta para perderla en conjeturas, y en jugar a las
adivinaciones.
La vida nos debe servir para caminar, seguros y certeros, por el camino que hemos elegido.

"¡Lo importante y necesario es saber elegir el camino para mejorar!"
Equivocarse de camino, por no haber elegido lo mejor, por no haber meditado y considerado todos los pros y los contras, nos puede poner en el camino equivocado.
Siempre he tenido un seguro y veraz informador, quien me ha ayudado a encontrar el camino mejor, y ha sido Padre Dios. Dios siempre nos sugiere cosas en la oración personal con él.

Como hijo de Padre Dios -que lo somos todos, creyentes o no- siempre me ha indicado el camino mejor, para mejorar.

¿Qué harán las y los no creyentes? Eso quisiera saber yo. Es más
complicado que hacer oración, que ponerse en la presencia de Dios y acudir con confianza a escuchar su voz en el alma.

Hablo de mi experiencia, ya larga, y puede que contundente, por los años que he vivido.

"¡¡¡La experiencia sigue siendo la madre de la ciencia!!!"

Mi experiencia me repite que le indique, y le recomiende, dirigirse a ese Padre Dios, que, como su padre Dios, le indicará cuál es el mejor camino que debe tomar.

Si no es creyente haga un esfuerzo y pídale, con honestidad, sinceridad, y amor a ese Padre Dios, en quién no cree, que le haga ese favor.

Si lo hace, con verdadero y sentido amor, confianza y seguridad, ya me dirá, seguro que le va a ir muy bien.

Para saber el camino para mejorar, ya sabe el medio.

Ahora depende de usted.

Ya me dirá.

"¡Siempre se puede mejorar si se sabe pedir ayuda a quien conoce la verdad, y lo que más nos conviene, para ser felices y libres en un mundo descreído!"

Ya me dirá.


martes, 1 de diciembre de 2020

“¡QUÉ O QUIÉN LEGITIMA LA AUTORIDAD Y EL PODER?”



“¡QUÉ O QUIÉN LEGITIMA LA AUTORIDAD Y EL PODER?”

¿Qué o quién legitima la autoridad y el poder? SOLO EL BIEN.

Ni la autoridad, civil, religiosa, militar, económica, política... pueden hacer el mal y seguir teniendo autoridad. Como tampoco el poder.

Hay autoridades y poderes haciendo el mal.

Quién hace el mal, con la repercusión que siempre tiene en los demás, no puede tener autoridad o poder.

"¡Pero cuando el mal se apodera de una sociedad es culpa de esa misma sociedad!"

Esa sociedad, la que sea, no puede volverle la espalda a la realidad.

La realidad es la verdad de ese momento.

En democracia real y verdadera -en esos países que hay libertad- si hay mal por el ejercicio de esa autoridad, incluso habiendo sido elegida por votación, la culpa la tenemos usted, yo, y los demás.

En mi país, España, hay ya miseria en amplios estratos de la población.

Tengo 90 años y es la primera vez que puedo constatar que existe miseria en tales dimensiones.

Si hay miseria, y no hacemos nada, somos culpables de ella, por acción o por omisión.

Cargo con mi culpa porque creo que no estoy haciendo lo suficiente.

No trato de disculparme, porque llevo ese peso, que me está aplastando. Por eso escribo. Es la oportunidad de poderme expresar, y tratar de cooperar al bien de los demás.

Rezo un Padre Nuestro pidiéndole a Padre Dios -que amo y adoro con pasión- que me ilumine para poder escribir aquello que ayude a los demás –que me ayudan a mí también- preguntándole a Padre Dios: ¿Qué puedo y que debo hacer? Siempre llego a la misma conclusión: participar e informar, que es lo que intento hacer.

No me contento, ni me quedo tranquilo, no haciendo nada, o diciendo que yo solo no puedo hacer nada. Por eso escribo.

Todos tenemos a personas a las que podemos informar y animar, para tratar de conseguir la necesaria mayoría social y democrática, que es la que puede tener la autoridad para cambiar.

En democracia la autoridad la tiene el pueblo.

Los políticos tienen la autoridad que les delegó el pueblo con su voto. Pero no son dueños de esa autoridad; la autoridad la tienen solo los capaces de trabajar, denodadamente, por el pueblo al que deben servir, el pueblo que les dio la autoridad para gobernar, que no es mandar.

Pero, si esos gobernantes votados y elegidos hacen el mal ¿qué debemos hacer los demás? No tengo la menor duda: unirnos y participar en toda iniciativa, todo aquello que elimine el mal.

Cuando esas o esos políticos con autoridad reparten el mal, desde ese momento han perdido su autoridad y poder, y deben abandonar sus cargos y el poder porque ya no tienen autoridad.

"¡Si no lo abandonan es una dictadura, y de las duras!"

¿En qué País vive? ¿Sus autoridades qué reparten? ¿El bien o le mal?

Si hay miseria en un País, no hay autoridad legal y honesta, como tampoco hay un pueblo unido, participativo y honesto.

Cuando hay miseria hay un pueblo desunido, deshonesto y quizás por ello merecedor del castigo que está recibiendo.

"¡Quien quiera el mal por gusto, que vaya al infierno a quejarse!"


"¡Qué o quién legitima la autoridad y el poder? SOLO EL BIEN.

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