“¡REZAR POR LA UNIÓN DE LAS IGLESIAS!”
“¡El poder de
la oración es tan grande como por ella, por la oración, nos comunicamos con
Padre Dios!”
Comunicarnos
con Padre Dios es de las cosas más grandes e impresionantes que somos capaces
los seres humanos con la oración.
“¡Orar, rezar
es hablar con Dios!”
“¡Rezar, orar
es hablar al instante con Padre Dios!”
¿Hay mayor
poder de comunicación? No hay, ni lo habrá.
“¡En la medida
y en la cantidad de personas que rezamos por la misma intensión, en esa medida
y cantidad recibiremos las bendiciones de Padre Dios!”
“¡Tenemos el
mayor poder de la creación: rezar, orar, hablar con Padre Dios!”
¿Qué hacemos
los monoteístas? ¿Cada uno rezando por la misma intención? Padre Dios nos
devolverá el favor a ese número de personas que rezan juntos por la misma
intención.
“¡Cuándo
seamos miles, millones de personas rezando por la misma intención, miles,
millones recibirán esa bendición!” Esa es la diferencia, es la solución.
¿Por qué no
rezamos por la misma intención todos los monoteístas?
¿Qué nos separa,
que nos desune, que no nos une? Esa es la cuestión.
¿Cómo es
posible, que todos los que amamos y adoramos al mismo Dios, no recemos juntos
para obtener su bendición y solución?
La historia
nos lo demandará.
Ha habido
conatos de de unión, pero solo de mahometanos, judíos y católicos. ¿Dónde están
las demás religiones?
La historia
nos lo demandará.
No he
conseguido que mi sueño de la gran, real y verdadera solución a la pandemia del
coronavirus, se haya realizado. No digamos lo que viene ahora: la crisis
económica y social. Si no la tenemos ya encima.
No dejaré,
mientras tenga un hálito de vida, en seguir rezando, pidiendo, rogando la unión
de los monoteístas para, juntos rezarle, a ese Dios que amamos y adoramos, y
nos dará la solución.
La hora de la
unión, de la hermandad, de los monoteístas, hace tiempo que llegó.
¿A qué
esperamos?
Ese Padre
Dios, que nos hizo sus hijos, y como tales, somos todos hermanos, nos demandará
nuestra desunión.
Tenemos la
solución, y no la ponemos en práctica.
No solo
nuestro Padre Dios, la humanidad, nos lo demandará.
La historia
nos juzgará.
“¡REZAR POR LA UNIÓN DE LAS IGLESIAS!” Que se
convierta en realidad, es la solución.