viernes, 30 de agosto de 2013

“MI VISIÓN DEL SENTIDO CRISTIANO DE LA MUERTE”


“MI VISIÓN DEL SENTIDO CRISTIANO DE LA MUERTE"

San Pablo  escribe a los primeros cristianos de Tesalónica “que: “como el ladrón en la noche, así vendrá el día del Señor”.

Es una llamada a la vigilancia, a no vivir despreocupados de ese día definitivo – el día del Señor – en el que por fin veremos cara a cara a Padre Dios.

En algunos ambientes hoy, no es fácil hablar de la muerte, suena a algo desagradable. Sin embargo es el acontecimiento más importante después del nacimiento.

No se puede vivir de espaldas a esa realidad, y menos ignorar el sentido verdadero de la muerte.

En vez de considerarla como una hermana, se la ve como una catástrofe, porque viene a echar por tierra los planes e ilusiones de la vida. Y, entonces, se la ignora. O se la ve como el fin del bienestar que tanto cuesta amasar en la tierra. Sin darnos cuenta que es la llave de la felicidad eterna.

“Vita mutatur, non tollitur”, la vida se cambia, pero no se pierde.

Para nosotros la muerte es el final de la peregrinación y llegada final a la meta definitiva: al encuentro con el Señor, su Santísima Madre, los santos, nuestros familiares etc.

Allí nos espera en ese Cielo toda la felicidad y el Amor infinitos de Dios, saciándonos eternamente.

La Sagrada Escritura nos enseña que “Dios no hizo la muerte, ni se alegra en la perdición de los seres vivos”.  Antes del pecado original no existía la muerte con ese sentido que le damos hoy de dolor. Ese pecado, el querer ser como Dios,  trajo la pérdida de dones extraordinarios como la inmortalidad, y ahora, para llegar a nuestra morada definitiva, tenemos que atravesar esa puerta dolorosa  del tránsito de este mundo al Padre.

Jesucristo, con su muerte y su Resurrección, destruyó la muerte e iluminó de nuevo  la vida;  convirtió la muerte en un paso imprescindible para  una Vida nueva la vida eterna.

Jesús dijo: Yo soy la resurrección y la Vida; el que cree en Mí, aun cuando hubiere muerto, vivirá, y todo el que vive y cree en Mí, no morirá para siempre.

Con la muerte adquirimos la plenitud de la Vida.

Si se tiene como fin casi exclusivo de la propia vida los bienes materiales, la muerte es el fracaso total. Acaba con todo lo que dio sentido a la vida: el placer, la gloria humana, el poder perverso para satisfacer  las ansias desordenadas de dinero o bienestar material…

Por el contario, los católicos, creemos que permanecerán los bienes que se refieren a  la dignidad humana, la unión fraterna y la libertad... en pocas palabras: permanecerán los frutos excelentes de la naturaleza y de nuestro esfuerzo.

El pensar en la muerte nos debe enseñar a aprovechar gozosamente cada día como si fuera el único. Y convertirlo en nuestra honesta participación diaria en el cuidado de la naturaleza y en la búsqueda del bien común, por el amor a Dios y a los demás, que es nuestro bien de ahora y que durarán para la eternidad.

“Viviendo no como necios, sino como prudentes, redimiendo el tiempo” no perdiéndolo, aprovechándolo para bien de todos. Y conseguiremos después el cielo, y ahora la felicidad y libertad terrenal.


jueves, 29 de agosto de 2013

LA HUELLA

Despedida a nuestro Párroco.

LA HUELLA

Dejamos huella cuando hemos realizado nuestra labor con éxito.
Don Cristóbal Déniz Hernández me ha dejado huella. Quizá pueda pluralizar: nos ha dejado huella.
Su labor pastoral, como sacerdote, ha sido encomiable. Diría  que especial, por la contundencia en su quehacer como párroco.
Deseo que estas palabras sean una demostración de mi eterno agradecimiento por la cura de almas.
Espero que su nueva actividad, -importante y de una gran responsabilidad-, la llene de hechos dejando también la huella, que es su proceder, por su saber, estar y creer.
Rezaré, y rogaré que lo hagamos todos, como agradecimiento por la labor realizada y el bien que nos ha repartido.
Gracias don Cristóbal, que Padre Dios lo siga bendiciendo, y le rogamos nos envíe su bendición.
No olvide a este magnífico pueblo en sus oraciones, y que los éxitos colmen sus deseos.

Un fuerte abrazo.

Su amigo y admirador, Luis C. García Correa y Gómez, vecino de Tamaraceite.



martes, 27 de agosto de 2013

“AMOR ES RELACIÓN”


 
“AMOR ES RELACIÓN” 

Amar y ser amado es lo único que importa. Quien no ama y no es amado acaba por enfermar, queda maltrecho y trastornado, individual y socialmente.

La presencia del Amor, por mínima que sea, es fuente de regeneración. Anuncia que la más profunda aspiración de la humanidad está en camino. Que el ser que quiere o es querido, mucho o poco, camina hacia la santidad.

Cuando nuestro amor está bajo mínimos, cuando apenas lo sentimos o expresamos, comenzamos a buscar disculpas, a justificarnos. Sentimos su ausencia: un silencio, vacío y hueco, que ensordece el alma.

Todos y cada uno de nosotros, todos y cada uno de nuestros momentos son sumamente importantes. Somos, y son, una especie de gota de agua, que hace y forma parte de un río.

No hay río sin gotas de agua. A mayor número de gotas, el caudal es mayor. Lo mismo ocurre con el río del amor: cuanta más gotas, más crece nuestro amor y nuestra aportación bienestar personal y social es mayor y mejor.

En cada instante de nuestra vida, podemos aumentar o disminuir la corriente y necesaria de la vida humana endulzándola o agriándola. Lo conseguiremos si amamos o dejamos de amar. También si nos dejamos o no amar.

El río de nuestra vida son las gotas de amor que cada segundo vamos creando, viviendo y repartiendo. Si hemos amado mucho, nuestro río será ancho y caudaloso (la longitud no está en nuestras manos). Ese río habrá regado una zona mayor o menor, de acuerdo al amor que hayamos repartido.

En las relaciones interpersonales no hay espacios incoloros, inodoros, ni insípidos. Cuando no construimos, destruimos. Cuando no recogemos, desparramos.

Si hemos amado mucho habremos regado mucho. Muchos se habrán beneficiado, porque con el amor se llega a la felicidad terrenal, y seguro a la eterna.

Hay quien opina que es en el momento de la muerte cuando se alcanza el amor puro, porque se verá a Dios. Y DIOS ES AMOR.

Tenemos que conseguir la plena confianza personal y social, que es el momento de la entrega total a Dios y a los hombres. El amor para la eternidad aporta un beneficio al momento actual. Y esto es muy necesario porque el pasotismo y el individualismo materialista han desterrado el amor de nuestro presente histórico.

En el momento de su muerte, Jesucristo dijo “PADRE, EN TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPÍRTIU”.

Jesucristo Dios se siente querido, amado por el Padre y sabe que su Padre Dios recibirá su Espíritu con todo amor.

En esta vida tenemos que intentar acrecentar el amor que recibimos y que repartimos. De esta manera, ell río al que pertenecemos regará una zona amplia de nuestra vida y de la de los que nos rodean, y de aún más allá..

No hay felicidad sin amor. Y no hay amor sin felicidad.

Si repartimos amor y recibimos amor, alcanzaremos la felicidad.

La felicidad es amor. Y el amor es felicidad. Y lo habremos conseguido cuando nos hayamos relacionado.

A mayor relación mayor amor. Y a mayor amor mayor relación.

Esto es lo que nos conduce  a la felicidad plena: la honesta participación, el poder de la libertad de amar y ser amado, y el amor al prójimo como a nosotros mismos.

 

 


domingo, 25 de agosto de 2013

viernes, 23 de agosto de 2013

“LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS”


 
“LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS”
 
Hablo de "Unidad de los cristianos" y no de "Unidad de los católicos", porque pienso en todos los que creemos en Jesucristo.

Dicen los Hechos de los Apóstoles: “La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma”. Estas palabras resumen la unión de los primeros cristianos, así como la voluntad  expresa de Cristo.

La unidad de fe les fortalecía: era el fundamento de sus relaciones mutuas y de sus relaciones con los demás.

Aquellos primeros cristianos eran personas totalmente diferentes entre si. Cada uno tenía un carácter y unas características, individuales y sociales, peculiares. Igual que hoy. 

La unidad no se opone a la variedad de razas, de lenguas… Respeta las características de cada cultura, con la única condición de que sean verdaderamente humanas.

Gracias a esa unidad, la Iglesia era católica y  universal: una y la misma en cualquier lugar y época, siempre protegida por el Espíritu Santo.

Todos transmitían una sola doctrina. Y esto fue causa de persecuciones y muertes.

El Señor nos pidió en la Última Cena: … que todos sean uno; como Tú, Padre, en mí y yo en Ti, que así ellos estén en nosotros.

La unidad tiene un valor inmenso. Nos debería servir para cambiar al mundo y ser hombres libres y no esclavos, como lo somos de los poderes perversos.

Es necesario rezar mucho y constantemente. Un medio es la Sagrada Eucaristía. San Agustín la consideraba  ”signo de unidad y vínculo de amor”.

San Pablo hizo constantes esfuerzos por la unión. Por ejemplo, cuando pedía a los cristianos de Éfeso:“Os ruego que viváis una vida digna de la vocación a la que habéis sido llamados, con toda humildad y mansedumbre, con longanimidad, sobrellevándoos unos a otros con caridad, solícitos por conservar la unidad del Espíritu con el  vínculo de la paz”.

Todas estas virtudes manifiestan la caridad, que es el vínculo de la unidad de la Iglesia.

La caridad une. La soberbia, por el contrario, separa.

Para poder llevar nuestro mundo a Dios todo debe ser coronado por el amor (incluso si nuestros desvelos y amores no son correspondidos).

“El hermano ayudado por su hermano es como una ciudad amurallada”.

Poner los medios para no dañar la unidad de los cristianos, por amor a la Iglesia, es responsabilidad de todos.

Evitemos todo lo que pueda ser ocasión de discordia entre nosotros. Fortalezcamos todo lo que sea ocasión de entendimiento y de concordia.

Si no podemos alabar, callar. No permitir que la lengua nos desuna.

Los católicos tenemos como principal abogada y mediadora a Nuestra Señora y Madre la Virgen Santa María. Ella es la Madre de la Unidad, porque es la Madre del Amor. Roguémosle y su ayuda hará que crezca la fe y la unidad entre nosotros.

Que así sea, y así lo pidamos, para el bien del mundo, desalojo del mal perverso, y la unidad de los cristianos.

martes, 20 de agosto de 2013

“LA DESCONFIANZA”


 
 
 “LA DESCONFIANZA

La desconfianza es corrosiva.

Destruye al que la padece y a los que están a su alrededor, en especial a sus familiares. A los más cercanos, en la relación personal y familiar.

El desconfiado se destruye así mismo, porque no descansa: vive constantemente atrapado por las sospechas (las amenazas imaginadas), noche y día.

La desconfianza es angustiosa.

¿En qué me la estarán jugando ahora? ¿Qué puedo hacer para parar el daño que me quieren causar? ¿Qué puedo hacer para dañar a quien no me merece confianza?

No es sólo una sensación. Se convierte en principio de actuación.

Todo es un por qué. No se está de acuerdo con nada. No existe la posibilidad de llegar a un entendenmiento. Es imposible.

El desconfiado, la desconfiada siempre piensa que le están engañando.

No son capaces de aplicar el principio de la presunción de Inocencia.

Es un mal, si Padre Dios no les ilumina, irremediable.

Por ello, recemos. Recemos mucho por los desconfiados. Que Padre Dios los devuelva la confianza, para que la felicidad, que no tienen ni pueda tener, les llegue y puedan ser felices. Lo que es imposible para ellos.

Quien siembra mal, recoge mal.

Quien no confía, desconfía. Y quien lo hace se amarga y le amarga la existencia a todo sobre el quien tiene alguna ascendencia.

Es un mal contagioso y acumulativo, en especial cuando procede de alguien cercano en el afecto.

Dios me libre del desconfiado, porque yo me comprometo a rezar para que deje de serlo.

La confianza es el fundamento de la felicidad y de la libertad.

Y la desconfianza origina el mal y la venganza

 

 

 

domingo, 18 de agosto de 2013


 
MÁXIMA DE MI VIVENCIA Y CREENCIA.
 
"Los gritos de algunos
se oyen menos que
los silencios de otros".

viernes, 16 de agosto de 2013

“PASAMOS DE LARGO”



 
“PASAMOS DE LARGO

¿Pasamos de largo ante los problemas? ¿Ante qué problemas? ¿Sólo los de los demás, o también de nuestros problemas?

¿Qué importancia tiene la comunidad en mi quehacer?

¡O pasamos de largo!

¡Que lo arreglen los de arriba!

Hay quien se le llena de boca, al afirmar que vivimos en democracia. ¿Qué democracia?

¿Acaso hay democracia en un país con esta tasa de paro? ¿O pasamos de largo?

¿Nos comportamos como el buen samaritano? ¿O como el sacerdote y el levita?

¿Quién es mi prójimo?

Los creyentes lo tenemos claro, no sólo para saberlo sino para practicarlo.

¿Qué piensan o creen otros acerca del prójimo?

Quien tiene alguna necesidad del cuerpo o del alma, ese es mi prójimo.

En el camino maravilloso de la vida nos vamos encontrando con muchos prójimos.

¿Qué hemos hecho? ¿Qué hacemos?

Hay crisis porque falta una mayoría honesta que imponga su proceder. Son las minorías perversas las que imponen su proceder.

Hemos sido y continuamos siendo esclavos.

¿Qué estamos haciendo? ¿O pasamos de largo?

Vivir preocupado por los demás, es causa de ilusión y nos engrandece. Nos ensancha el corazón. Se tiene la reconfortante sensación del deber cumplido.

La corrupción -el cáncer social más desarrollado- se manifiesta en que los entes públicos no están al servicio real del ciudadano; en el pasotismo; el individualismo,… todas estas lacras son el caldo de cultivo de la crisis: la agravan y nos hacen serviles

¿Pasamos de largo? ¿O estamos en la brecha, luchando, o viviendo y actuando honestamente, que no se necesita más?

¡Cosecharás lo que siembres!

Siembra mal, mal recogerás.

Pasar de largo en la vida, es repudiar al bien, apoyar al mal.

Así como tú hicieres, así te harán.

martes, 13 de agosto de 2013

“TODO ESTÁ AL SERVICIO DEL SER HUMANO”


 
 
 
“TODO ESTÁ AL SERVICIO DEL SER HUMANO
 

Todo, sin excepción, está al servicio del ser humano, también la Naturaleza.

"Estar al servicio de" no da derecho a "abusar de" ni "destruir". Todo lo contrario: implica usar racionalmente con ánimo de conservar.

La razón de ser de los entes públicos (Gobierno, Justicia, Sanidad …) es servir al ser humano. Cualquier otra forma de actuar va contra el origen y el fin del mismo.

Esto lo he vivido en propia carne: desde mi época de Concejal, así como en las distintas presidencias que tanto me han horado y a las que tanto debo, pues las responsabilidades me han enseñado a ser mejor persona. Mi deuda es impagable y eterna.

Servir a los demás sin pedir nada a cambio es una de las actividades más gratificantes y reconfortantes que los humanos podemos desarrollar.

Los pueblos siempre pagan con creces a sus servidores.

Mi experiencia es que he recibido más que lo que he dado.

He dado de acuerdo a mis creencias y obligaciones, y me han dado sin obligación alguna.

No existe pueblo descreído ni desagradecido. Todo lo contrario.

Somos cada uno de nosotros los que, a título personal, fallamos.

Por eso se necesita, urgentemente, cambiar a los pasotas e individualistas. Son una rémora, una tara que dificulta la construcción del mundo que nos merecemos, porque en ellos se apoya el poder perverso.

No me cansaré de repetirlo: cada vez es más necesario, cada vez es más urgente recomponer esa mayoría honesta que imponga su proceder. Cuando lo logremos, el mundo será lo que nos corresponde y para lo que hemos nacido: la plena felicidad y la plena libertad.

Hasta que no lo logremos, habrá criminales no arrepentidos en la calle, con el peligro social que ello implica además del mal ejemplo.

Los organismos oficiales no estarán al servicio del ser humano. Todo lo contrario, los que retienen y ejercen el poder nos convertirán en siervos y en esclavos.

¿Vivimos en democracia? ¿Quién tiene la autoridad? ¿Somos auténticamente libres?

Sus contestaciones dirán cual es la realidad. La de Uds. La de todos nosotros.

Sin participación no hay solución.

TODO ESTÁ AL SERVICIO DEL SER HUMANO.

domingo, 11 de agosto de 2013

viernes, 9 de agosto de 2013

"¿POR QUÉ SOY AFIN AL OPUS DEI?”


 
 

 
"¿POR QUÉ SOY AFIN AL OPUS DEI?”
 

El mes de noviembre de 1994, a instancias de un amigo santo, asistí a un retiro del OPUS DEI. Fue impactante.

Siempre he necesitado el concurso de los demás para mi propia realización.

Soy participativo por convicción, por afición, y por educación.

Creo, ciegamente, en la participación como solución a todos los problemas.

Estoy dispuesto a dar mi vida por Dios, por el ser humano y por la libertad.

Todas estas creencias y vivencias vi que las podía encauzar y desarrollar en el OPUS DEI. Como así ha sido.

Abrahán dijo a Padre Dios: “Señor, si he hallado gracia a tus ojos, no pases de largo junto a tu siervo; (…)

Y no pasó de largo.

En ese retiro aprendía a tratar al Señor como Amigo. El mejor y más fiel.

Aprendí que el amor a Padre Dios, y la santidad personal, son inseparables del deseo apostólico y de la manifestación en nuestras vidas.

Aprendí que en el quehacer diario debía encontrar a Padre Dios. Y que ése es el fundamento sobre el que gira nuestra nuestra llamada a la santidad.

De ello se deduce el amor a Padre Dios, mediante el ejercicio de las virtudes humanas y de las sobrenaturales.

Tratar de tener unidad de vida. En el que el trabajo nos tenga siempre en la presencia de Padre Dios, para hacer las cosas lo mejor posible. Que exista una plena unión.

Que nuestro trabajo -servicio hecho al hombre y a la sociedad- se convierta en oración agradable a Padre Dios y a nosotros mismos.

Que todos nuestros actos sean el lugar diario en donde vivimos la caridad, el servicio a los demás, la alegría, y la libertad. Que sean los medios que nos conducen a la santidad.

Encontrar a Padre Dios en medio de nuestro quehacer diario y hacer el bien a los demás.

Eso encontré en el OPUS DEI, eso he querido practicar, y eso me ha llevado y lleva a la búsqueda de la santidad.

Ser santo no es quien nunca peca, es el que siempre se levanta. Y eso es el OPUS DEI.

 

 

martes, 6 de agosto de 2013

“EL EGOISMO Y LA FAMILIA”






“EL EGOISMO Y LA FAMILIA”


¿En qué tengo puesto el corazón? ¿Cuál o cuáles son mis tesoros? ¿Cuál es el centro de mis preocupaciones?
Los creyentes lo tenemos claro, Dios y todo ser viviente: amor a Dios y amor al prójimo.
Por favor, le ruego se haga, con toda sinceridad, las preguntas citadas.
La contestación definirá su ideología de vida: lo que le mueve, lo que define su comportamiento.
Creyentes o no debemos -por exigencia moral-, poner nuestro corazón en las personas de la familia humana. Los creyentes debemos también ponerla en la vida sobrenatural, en Dios.
Practicar el primer Mandamiento: “amar a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a nosotros mismos”, nos tiene que llevar al cuidado y atención de nuestros familiares, especialmente los más cercanos. Luego los amigos y después la comunidad.
La preocupación por los demás cura el egoísmo. En la generosidad se encuentra la verdadera alegría, la satisfacción del deber cumplido. Es maravilloso.
La familia es el centro de donde deben irradiar los buenos comportamientos. Es una escuela de bien.
Debemos ser levadura que transforma, poco a poco, a los que viven con nosotros. Y así extender el bien a toda persona con la que nos conectamos.
La familia es la pieza más fundamental que tiene la sociedad. Quizá por eso es la más atacada.
¿Qué hacemos para eliminar el materialismo, el hedonismo, el falso sentido de la libertad, de la independencia? ¿Qué hacemos para que las madres solteras y casadas puedan tener y educar a sus hijos?
¿Nos preocupamos y exigimos ser, los padres, los educadores de nuestros hijos? ¿Transferimos esa responsabilidad a los colegios?
¿Exigimos el deber del derecho a la educación y preparación de nuestros hijos?
No existe poder alguno que nos exima de esta responsabilidad.
¿Dónde están los que te di? Ojalá podamos responder: No he perdido a ninguno de los que me diste.
¿Tenemos tiempo los unos para los otros? ¿O pasamos egoístamente?
¿Trato de olvidarme de mi mismo, para ver y oír a los demás? Con fallos.
¿Qué intereses llenan nuestros corazones?
El cariño humano y verdadero, con todos los defectos que tenemos, es el fundamento de la familia y el que anula el egoísmo.
¡Cuántos actúan bien por las enseñanzas que recibieron de sus padres! ¡Llegarán al Cielo1
Un sacrificio los no creyentes y una oración los creyentes son los hechos que fortalecen la familia y eliminan el egoísmo.
Amor con amor se paga.

domingo, 4 de agosto de 2013

MÁXIMA DE MI VIVENCIA Y CREENCIA.


MÁXIMA DE MI VIVENCIA Y CREENCIA.


“Educado es quien respeta, lo hace de forma alegre, y continuado.”                                                

viernes, 2 de agosto de 2013

“REFLEXIONES”



 

“REFLEXIONES

En las oraciones de la mañana, leí una frase que escribió J. M. Casciaro, a propósito de que la Iglesia Católica no toma partido por opciones temporales determinadas. En concreto decía:”precisamente por no optar por una de las soluciones humanas: ni judíos ni roanos le siguieron (el autor habla de Jesucristo). Pero no; fue precisamente lo contrario: judíos y romanos, griegos y bárbaros, libres y esclavos, hombres y mujeres, sanos y enfermos, todos van siguiendo a ese Dios hecho hombre, que nos ha liberado del pecado, para encaminarnos a un destino eterno, donde únicamente se cumplirá la verdadera realización, libertad y plenitud del hombre, hecho a imagen y semejanza de Dios, y cuya aspiración más profunda rebasa cualquier tarea pasajera, por noble que sea”.

Esta frase, el anuncio de la canonización y beatificación de tres grandes seres humanos (Juan XXIII, Juan Pablo II y don Álvaro del Portillo), y la publicación de la encíclica Lumen Fidei (Luz de la fe) de S. S. Francisco y Benedicto XVI, me ha hecho reflexionar sobre la misión sobrenatural de la Iglesia y nuestro comportamiento.

La Iglesia ha tenido y tiene la misión llevar a sus hijos -y de tratar a los que no lo son- a Padre Dios. Sin desentenderse de las tareas humanas, tratando de eliminar el mal, en la búsqueda del bien personal y de la comunidad.

La esperanza en un Cielo no elimina el compromiso con lo terrenal.

Como corredentores con Cristo nos hemos de preguntar: ¿tratamos de llevar a Padre Dios a todo aquel que podamos?

¿Nos urge, por la fe y caridad de Cristo, promover a nuestro alrededor la justicia por nuestra honrada participación?

¿Buscamos liberarnos de la esclavitud del poder perverso con nuestro comportamiento?

¿Nuestra solidaridad es determinante en la búsqueda del bien común?

La fe nos debe llevar a sentir respeto y cariño al ser humano – creyentes o no – y jamás a la indiferencia.

Nuestro comportamiento debe reflejar justicia y misericordia.

De cada uno de nosotros se debería decir al final de nuestra vida que, como hizo Jesucristo, “pasó haciendo el bien”.