miércoles, 16 de agosto de 2017

“PUREZA DE INTENCIÓN”.





 “PUREZA DE INTENCIÓN”.  


La pureza de intención está muy relacionada con los motivos que nos mueven y nos conducen por el camino que hemos elegido.

Normalmente elegimos un camino de acuerdo a nuestros valores éticos, morales o religiosos. Y lo desarrollamos según la pureza de la intención que nos mueva.

Para ser personas de pureza de intención es conveniente examinar si los motivos que mueven nuestros actos están bajo la dirección de la pureza de intención.

Los creyentes lo tenemos fácil: considerar que estamos en la presencia de Padre Dios, que nos dirige a la pureza de intención, de hacer y de decir, para sentirnos consecuentes y fieles cumplidores de esa pureza de intención.

Hay muchas causas que inhiben o deterioran la pureza de intención: los falsos respetos humanos, el adaptarse al ambiente fácil y acomodaticio de los malos hábitos, la tan cacareada y espantosa corrupción, y así hay muchos otros males que nos arrastran si nos dejamos llevar por el mal, olvidando el bien de la pureza de intención.

No debemos olvidar dos condicionantes que inhiben la pureza de intención: la cobardía o la vanagloria que podemos tener. Por creernos santos o sabiondos podemos olvidar la pureza de intención.

La bondad, la humildad, la educación, la fidelidad… nos ayuda a ser personas de buena conciencia, de buena conducta y de pureza de intención.

“Que tu mano derecha no sepa lo que hace tu izquierda”.

Debemos ser testigos y actores del bien tratando de ser, vivir y actuar con pureza de intención.

Formar la intención es el cimiento de la pureza de intención.

Hay que ser leales y fieles al momento para no caer en la cobardía o en los respetos humanos por miedo al qué dirán, o por miedo a la opinión de los demás.

El deseo de alabanza es otra gran pega y traba para vivir y actuar con pureza de intención.

La honesta participación en la libertad nos llevará y conducirá por el camino certero de la pureza de intención, y con ella nuestros actos buscarán hacer el bien y evitar el mal, y serán así merecedores de gozar del bien y ahuyentar el mal.

La pureza de intención debe ser nuestro sentimiento y el comportamiento normal para poder tener y repartir la felicidad en la libertad.

Que la pureza de intención nos lleve a vivir y repartir la bondad en el camino de la santidad.

Que la pureza de intención sea lo que nos mueve y dirige para ir camino de la santidad.

La santidad, también, se cimenta en la pureza de intención.

























lunes, 14 de agosto de 2017

“¡EN EL OCASO, EN EL ATARDECER DE MI VIDA!”


"¡EN EL OCASO, EN EL ATARDECER DE MI VIDA!” 


En el atardecer de mi vida recuerdo hechos y dichos que la han marcado.

La vida es única e irrepetible, lo sé, y hay veces que parece que me he olvidado.

Debemos tratar de no olvidar que solo se vive una vez (no creo en la reencarnación) y que lo que hagamos ahí queda marcado eternamente.

¿Cómo pedir perdón?  Pedirlo es fácil, lo difícil e ideal es no hacer mal para no tener que pedir perdón.

Camino ya lento, pero seguro, y a una cierta velocidad hacia mi final terrenal, y algunas son vivencias que me arrepiento haber vivido por mi causa, y que ya solo me queda el arrepentimiento,  porque lo pasado pasado está, ya no volverá jamás.

¿Cómo hacerles ver lo importante que es meditar antes de hacer, para no tener que arrepentirse de decir o hacer lo que no debimos haber dicho o hecho?

La conciencia es el mayor indicador, señalizador y catalizador del comportamiento de los hechos y de los dichos.

¿Cómo puedo ayudar para explicar que, por favor, antes de decir en acalorados o apasionados momentos no hablar o actuar sin antes pensar lo que vamos a decir o hacer?

Esta es una de mis grandes y vitales experiencias que quiero y necesito transmitirles con el deseo de que piensen antes de decir o hacer en momentos de ofuscación o pasión.

Amo apasionadamente a la humanidad, y por ese amor he necesitado que mi vida sea para dar todo mi ser, estar y hacer por ayudar, pero hay veces que he fallado. Es lo que quiero transmitir, para tratar de corregirlo y no volverlo a hacer.

Fallemos lo menos que podamos, y cuando lo hagamos pidamos perdón sin dejar que el tiempo pase y se pierda la oportunidad de reconciliarse y pedir perdón.

En el atardecer de mi vida, quisiera dejar un sencillo pero importante legado: amarnos apasionadamente, pedir perdón con prontitud y perdonarnos, y que la felicidad en la libertad sea lo normal porque la compartimos con prodigalidad.

La vida es muy corta para desperdiciarla en necedades.

Aprovechemos la vida para amarnos apasionadamente y ayudarnos para que la felicidad en la libertad sea para todos y cada uno de nosotros lo normal.

Les quiero, y en el atardecer de mi vida quisiera decirles que ustedes son formidables y que me han permitido que mi vida la haya tratado de llenar en ayudar, y que he recibido más de lo que he dado.

Gracias y, como creyente, que Padre Dios les bendiga, y les pido me permitan bendecirles.

La vida es única e irrepetible, y lo que hagamos lo hagamos de manera que no tengamos que arrepentirnos sino sentirnos alegres y gozosos de lo que hemos  hecho, de lo que hemos dado y de lo que hemos compartido por lo que hicimos.

En el ocaso, en el atardecer de la vida, quisiera expresar lo feliz que soy y que he sido dando, participando y tratando con honestidad de ayudar y que he recibido más de lo que he dado.








viernes, 11 de agosto de 2017

“¿HAGO EN ESTE MOMENTO LO QUE DEBO HACER?.


 
“¿HAGO EN ESTE MOMENTO LO QUE DEBO HACER? 


San Josemaría Escrivá decía e inquiría ¿hago en este momento lo que debo hacer? Y yo me pregunto lo mismo y añado: ¿Procuro, en este momento, trabajar con perfección humana? ¿Soy fuente habitual de alegría para quienes compartimos la vida? ¿Cuento con ellos para juntos ordenar y realizar el trabajo que nos une? Y así hay constantes y sonantes preguntas que nos debemos hacer para perfeccionar lo que debemos hacer.

Hay hechos, muy frecuentes, que  tenemos que realizar con quienes nos relacionamos que están ausentes de sentimientos, y que los debemos hacer y respetar igual que los que vayan cargados de afecto.

Hay momentos que los sentimientos no son acordes a los hechos, pero es lo que debo hacer en este momento, y nos ayuda si nos dejamos llevar por la fe.

Debemos superar los estados de ánimo y no dejarnos guiar por el sentimiento, para hacer lo que tenemos y debemos hacer, en cada momento, de acuerdo a la honestidad, fidelidad y lealtad.

El amor es gran catalizador y dinamizador para hacer bien las cosas que debemos hacer.

El amor debe sustituir cualquier sentimiento que pueda impedir hacer lo que debo hacer.

¿Hago en este momento lo que debo hacer? Es la gran pregunta para tener y repartir felicidad y libertad.

La vida tiene sentido y está llena de contenido cuando hacemos con honestidad y fidelidad todo lo que debemos hacer en todo momento.

Vivir a rastras o como pasota e individualista, no teniendo iniciativa de actuar de acuerdo a nuestra conciencia y valores, es ser mendigo que recogemos las migajas que se caen de la mesa de los poderes fácticos.

¿Hago en este momento lo que debo hacer? Si estamos seguros de hacer lo que debemos hacer, seremos felices y libres, y al repartir la felicidad por hacer lo que debemos hacer caminamos hacia la santidad.

¿Hago en este momento lo que debo hacer? No debemos tener dudas por hacer lo que debemos hacer con honestidad, fidelidad y lealtad, y si le añadimos el amor a los demás estamos en ese arduo camino a la santidad.

¿Hago en este momento lo que debo hacer? Con amor, honestidad y fidelidad debemos hacer lo que hemos de hacer para ser felices y libres, y estaremos en camino de santidad, porque hacemos lo que debemos hacer.


miércoles, 9 de agosto de 2017

¿CÓMO LLAMAR LA ATENCIÓN? .





 ¿CÓMO LLAMAR LA ATENCIÓN? 


¿Cómo llamar la atención a quien está absorbido por el móvil, por el coche, por la moda, por lo que le han dicho -y se lo ha creído- que es la felicidad…?

Tengo más libertad que nunca, pero nunca antes he sentido la libertad tan coaccionada y coartada como ahora. Y, por lo que veo, lo mismo les pasa a muchas personas, en especial a jóvenes.

¿Qué tiene la técnica que tanto embrutece, subyuga y esclaviza? Yo no lo sé, lo veo a diario y hasta por la calle.

La esclavitud al móvil, a la televisión, al ordenador y al coche, es tal, que creo que podría asegurar que hay quien prefiere una charla con el móvil que una conversación cara a cara y en persona (Hoy se puede hacer la charla cara a cara por el móvil, pero no en persona).

¿Están en lo cierto esos esclavos del móvil, del coche, del ordenador? Si ellos lo están yo vivo totalmente equivocado y fuera de contexto. Debo de estar anticuado y fuera de la realidad y no la virtual, sino la realidad natural. ¿Es cierto eso? ¿Estoy equivocado y debo corregir mi error?

Me pregunto ¿Por no tener yo sumisión a los medios de la técnica estoy equivocado y fuera de la realidad?

¿Alguien tiene que estar equivocado? Por favor: ¿Me pueden decir quién está en lo cierto y quién equivocado? ¿Es el sometido al móvil? ¿O yo que solo lo uso cuando lo necesito para comunicarme?

¿Cómo llamar la atención para saber quién está en lo correcto y en lo cierto? Es mi gran pregunta y necesito, por favor, con la mayor urgencia su contestación.

Creo, ciegamente, en la libertad, la felicidad, la honesta participación y el amor a los demás. Y la técnica -como es el móvil- la uso con el fin de comunicarme para informar y ser informado, pero no para vivir sometido y eslavizado, que el tiempo que se tenga o que pueda usar, lo uso tratando de informar  y oyendo lo que dicen los demás.

¿Cómo llamar la atención para que reaccionen y sepan la esclavitud a que está o están sometidos? No sé cómo. Solo tengo este medio y es el que uso.

¿Cómo llamar la atención para hacer reaccionar?  Si usted lo sabe le ruego nos lo informe y podamos y me puedan ayudar.

“¡La vida es someter y no ser sometido!”

lunes, 7 de agosto de 2017

“¡VENGA A NOSOTROS TU REINO!”.




“¡VENGA A NOSOTROS TU REINO!”  


Se acerca mi 87 cumpleaños. Como creyente, deseo y necesito comunicar mi pasión por Padre Dios. Por esta razón he titulado  este artículo con un préstamo del Padre Nuestro. Como bien sabe, es la oración que nos enseñó Nuestros Señor Jesucristo Dios, y que le dedico a usted con todo mi corazón, y que es:
“¡Padre Nuestro, que estás en los Cielos, santificado sea Tu nombre, venga a nosotros Tu Reino, hágase Tu voluntad así en la tierra como en el cielo, danos hoy el pan nuestro de cada día, y perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no nos dejes caer en la tentación, y  líbranos del mal. Amén!”
Le deseo a todo el mundo, sin excepción, que el Reino de Jesucristo les venga y llegue, para que todos, sin excepción, tengan la dicha más grande y esperanzadora que desear se puede.
Reitero que mis creencias, infundidas por mi familia, se resumen en Amar a Padre Dios, a Jesucristo Dios y al Espíritu  Santo Dios sobre todas las cosas y a usted como a mí mismo: “¡Si no le quiero a usted como a mí mismo soy un cuentista y un mentiroso!”
Me educaron espartanamente: mis padres y mi familia y me dieron y pusieron en marcha un motor que ha movido y mueve toda mi vida.
Ese motor lo mueve el deseo de amar a Dios, amarle a usted y amar a toda la humanidad; respetar y proteger la Naturaleza, que es nuestro hábitat natural; buscar y repartir la felicidad con el deseo y la necesidad de ayudar; tratar de repartir y vivir la plena libertad. Y todo ello con la intención de estar en el camino de la santidad, para llegar al cielo, que entiendo es la contemplación de Padre Dios.
Esto es lo que ha movido y sigue moviendo mi vida.
Cuando fallo, lo siento, y me arrepiento de haber pecado.
Creo y necesito la infinita misericordia de Padre Dios: sin ella no podré llegar a la meta de ese cielo prometido.
La vida me ha sido próspera y generosa, con pocas necesidades y carencias vitales. Soy un trabajador nato y necesito trabajar con el deseo de ayudar. Lo digo con toda sinceridad: eso es lo que me ha dado incontables satisfacciones y reconocimientos invalorables. Y no me queda más remedio, por lo menos, que estar eternamente agradecido.
Sigo luchando por mis metas, que son su vida y la mía.
Le debo a usted y al mundo entero mi eterno agradecimiento, porque me han ayudado y me ayudan tanto. Es para mí un honor, una obligación y una gran responsabilidad. Lo sé y acepto  todas las consecuencias.
Que Padre Dios, que la Santísima Trinidad y la Virgen del Pino, mi Patrona, les colmen de bendiciones, sea quien sea y crea lo que crea, a usted, a su familia, a sus amigos, a su comunidad y al mundo entero.
Padre Dios, danos fe, humildad, sabiduría y santidad. Es la oración que hago y repito tratando ayudar y que me ayude.
Termino diciéndole y repitiéndole “¡Venga  a nosotros tu reino!”, porque le amo con toda mi alma, mi mente y mi corazón, para que juntos gocemos de la plena felicidad y la plena libertad, porque nos ayudamos y ayudamos a los demás.

“¡Venga a nosotros tu reino!”