viernes, 4 de agosto de 2017

¿PARA QUÉ? Y ¿POR QUÉ?.


 
¿PARA QUÉ?  Y ¿POR QUÉ?




La vida es un ¿por qué? y un ¿para qué?, y lo bueno es saber la contestación a esas preguntas que tienen tanto significado y poder.

¿Para qué y por qué nacimos? ¿Para qué y por qué vivimos? ¿Para qué y por qué morimos?

Quien sepa contestar a esas preguntas tiene la batalla ganada y podrá dedicar su vida a conseguir logros inimaginables.

Las consecuencias derivadas de estas preguntas son tantas y tan variadas que me voy a hacer las que considero más importantes, aunque en el pasotismo que preside nuestra sociedad quizás no sean -lamentablemente- las preguntas más comunes y frecuentes en nuestra vida personal.

¿Para qué nacimos? ¿Qué significado tiene mi vida? ¿Qué hago para que estas preguntas tengan respuestas y llenen mi vida?

Heredé el conocimiento y creencia del porqué nací, del significado y lo que debo hacer, y todo por la educación que me dieron, y que tantas veces he dicho y repito que fue: para amar a Padre Dios y a usted como a mí mismo. Y cuando no lo hago me siento mal, puedo llegar a pecar, a ofender a Dios y ofender al prójimo, por haber faltado a ese Mandamiento que ordena y dirige mi vida.

He tenido la suerte y la responsabilidad de saber hacia dónde voy y cómo debo de ir. Y eso ha hecho que mi vida tenga un significado concreto que me ha ayudado a caminar con un fin determinado.

No todo ha sido fácil y sencillo. He pecado y me he tenido que arrepentir de muchos hechos mal hechos, y esa penitencia la he cargado y he buscado la reparación tratando de merecer el perdón y no el castigo social y religioso.

He luchado, he trabajado y he cometido errores y pecados, y he hecho buenas obras que tratan de redimir mis errores y pecados.

Al igual tengo que decir que he recibido compensaciones inimaginables. He recibido honores maravillosos que han mejorado mi vida y que han ampliado el cimiento de mi comportamiento y de mi responsabilidad.

Comportamiento de agradecimiento y de corresponder con honestidad tratando de ayudar para vivir feliz y ser merecedor de esos honores y reconocimientos. Y de responsabilidad para ser fiel y leal.

El ¿por qué? y el ¿para qué? Estas preguntas me lo han puesto clarísimo. Responder a ellas ha fortalecido e incrementado los valores éticos y religiosos heredados y aceptados, y me ha marcado un destino hacia el camino que debo recorrer y que trato día a día hacer.

¿Por qué? y ¿para qué? Nos lo debemos preguntar para llenar la vida de contenido y tener un por qué y un para qué de la vida y sus hechos, y habremos conseguido y merecido la necesaria felicidad porque hemos ayudado y compartido la felicidad.

Gracias a todos, y, como creyente: que Padre Dios les bendiga. Como atrevido ruego, pero como me enseñaron mis padres y es costumbre antigua, permítanme que yo también les bendiga.