viernes, 30 de noviembre de 2012

“LA NECESIDAD DEL AMOR”


 “LA NECESIDAD DEL AMOR
                                                          
El amor no es una idea, es una experiencia.
Se puede pensar, filosofar, hablar, investigar....”acerca de”, “alrededor de”... la vivencia de amor. Pero sólo son referencias, aproximaciones a la experiencia de amar y ser amado.
Es sumamente importante amar ahora, amar ya, en este momento y no después. Intentar amar cada segundo de la vida. Sencillamente, porque es importante ser.
El dilema “ser o no ser”, “amar u odiar” es una constante del tiempo, como los latidos de nuestro pulso.
He empleado una palabra, “odiar” que puede sonar muy dura, hiriente. Bueno...., aparquémosla de momento....
Pero el dilema fuerte o suave, está siempre ahí: “abrirme al entorno o cerrarme en mi piel”, “abrir la mente, el corazón, las defensas, las barricadas físicas o sociales, etc., etc., o “cerrar mis puertas, mis ideas, mi yo.., mi...”
En la medida que amamos, en esa misma medida repartimos y recibimos la felicidad.
En la medida que hay más relación auténtica, en esa misma medida hay más amor.
Esa relación es, lógicamente, a la que estamos llamados los humanos desde lo más profundo de nuestro ser, porque amar es dar y recibir, desde la presencia, la existencia interpelante del otro
En el recibir es aceptar y reconocer al que lo da, a ese ser distinto de nosotros, e imprescindible para ser nosotros mismo.
AMOR ES RELACIÓN.
Es tan importante amar y ser amado, que su carencia es fuente de enfermedad y trastorno, individual, y social.
Y la presencia del Amor, por mínima que sea es fuente de regeneración, es noticia de que la más profunda aspiración de la humanidad está en camino, que el ser que quiere o es querido, mucho o poco, creo que, en esa medida es santo.
Así, cuando estamos en el límite del amor, cuando lo vamos reduciendo a la mínima expresión, comenzamos a buscar disculpas a todo, a justificarnos.
Cada momento y cada uno de los seres humanos somos sumamente importantes, porque somos como una gota de agua, que juntas hacemos un río.
Ese nuestro pequeño aporte de cada instante a la corriente de la humanidad endulza o agría su sabor. En las relaciones entre las personas no hay espacios incoloros, inodoros, ni insípidos. Porque cuando no construimos, destruimos; cuando no recogemos, desparramos.
No hay río sin gotas de agua. Cada gota de agua, sumadas hacen el río. A mayor número de gotas mayor el es caudal del río, mayor es el río.
El río de nuestra vida son las gotas de amor que cada segundo vamos creando, y si hemos amado mucho, mayor será nuestro río. Y ese río habrá regado mayor o menor zona, también de acuerdo al amor que hemos repartido.
Si hemos amado mucho habremos regado mucho, y muchos se habrán beneficiado, porque con el amor se llega a la felicidad terrenal, y seguro a la eterna.
Hay quien opina que el momento de la muerte es el momento al que se llega al puro amor, porque se verá a Dios.
Porque DIOS ES AMOR.
Tenemos que intentar conseguir, llegar a la plena confianza, y ese momento de la confianza, de la entrega total a Dios, eso es amor.
Jesucristo, en el momento de la muerte, dijo “PADRE, EN TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPÍRTIU”.
Jesucristo Dios se siente querido, amado por el Padre y sabe que su Padre Dios recibirá su Espíritu con todo amor.
En esta vida tenemos que intentar acrecentar el amor que vamos repartiendo y que vamos recibiendo, y al río que pertenecemos riegue una zona importante de nuestra vida y de la de los que nos rodean, porque estamos dando y recibiendo el cariño, el amor que  es lo que hace que demos y recibamos la felicidad.
No hay felicidad sin amor, y no hay amor sin felicidad. Repartamos amor y recibamos amor, y se nos dará felicidad, porque felicidad es amor y amor es felicidad.

jueves, 29 de noviembre de 2012

“LA PACIENCIA”



“LA PACIENCIA” 


Trato el tema de la Paciencia porque ... soy impaciente. Lo reconozco: mi Paciencia ha disminuido con el paso de los años. Una vez y otra caigo en el deseo del “YA”. Me cuesta esperar, en especial cuando se trata de temas que afectan a la comunidad.
Lo único que me ayuda a superar la impaciencia es la perseverancia.
La vida es una sucesión de pruebas. Unas parecen grandes. Otras tienen menor relieve. Todas son una oportunidad de crecimiento, con la ayuda de Padre Dios.
Algunas pruebas reclaman muchos esfuerzos continuados en el tiempo, … casi siempre porque la naturaleza humana es limitada.
Pero para todas es necesaria la paciencia: para perseverar y para estar alegres por encima de cualquier circunstancia. Aquí es donde comprobamos la necesidad de la oración.
Rezar para alcanzar la fe de que en todas las situaciones, la victoria estará de nuestra parte.
San Agustín decía que la paciencia, es “la virtud por la que soportamos con ánimo sereno los males”. Y añadía: “no sea que por perder la serenidad del alma abandonemos bienes que nos han de llevar a conseguir otros mayores”.
Es la virtud que nos permite soportar, con buen ánimo, los sufrimientos físicos y morales de la vida.
Debemos aprender a ejercerla en lo ordinario: defectos que no se acaban de vencer, aceptar que las cosas no salgan como nosotros queríamos, imprevistos, el tráfico, olvidos… Si lo pensamos bien, las contradicciones son ocasiones para afirmar la humildad, para hacer más fina la caridad.
La paciencia no es pasividad, todo lo contrario: forma parte de la virtud de la fortaleza. Aceptar con serenidad el dolor y las pruebas de la vida fortalecen el ánimo, nos da la seguridad de recibir, más pronto o más tarde, bienes mayores.
Tengo que ejercitar la virtud de la paciencia, para no desalentarme ante mis fracasos o ante mis defectos.
Mantener el combate, pero con paciencia.
San Francisco de Sales afirmaba que es necesario tener paciencia con todo el mundo, pero, en primer lugar con uno mismo.
Paciencia con los demás aceptando sus defectos – quizá muchas veces están luchando por superarlos -, la mala educación (que tanto me cuesta aceptar) …
Aquí necesito fortalecer la caridad, para que me ayude a ser paciente, sin dejar de corregir cuando sea el momento más indicado y oportuno. Corregir con amor.
Paciencia con aquellos acontecimientos inesperados: la enfermedad, el excesivo tráfico, el comportamiento de un pasota o individualista, el olvido de algo…
Los cristianos debemos aprender a santificar todas las menudas incidencias cotidianas con al paciencia de la fe.
Caritas patiens est, la caridad es paciente, la caridad está llena de paciencia. No es fácil, pero es alcanzable. Es lo que creo e intento llevar a la práctica.
Tener la paciencia del sembrador, con la confianza puesta en que la semilla dará el fruto deseado.
Aprendamos del Señor, incansable en su predicación y dedicación a las gentes.
La paciencia y la constancia son imprescindibles para conseguir un buen fin.
El mío es el de la participación honesta de la mayoría, que imponga su comportamiento y anule el poder económico perverso.
Buscaré y me apoyaré en que la paciencia va de la mano de la humildad, para respetar y esperar el tiempo necesario para la realización del bien deseado y no conseguido.
Paciencia, como cristiano, ante la indiferencia de las necesidades de la comunidad, en especial ante los comportamientos despreocupados o individualistas.
Esperar y confiar en que hay hombres que guardan unas ansias incontenibles de bien, e intentar desenterrarlas. Tengo amigos que resplandecen con esta virtud.
Intentar acomodarnos, como el labrador, a los ritmos de los tiempos, sin conformarnos con el mal.
Aprendamos del Maestro aquella parábola del amo que salió a distintas horas del día a contratar obreros a su viña.
Fomentemos la caridad que a todo se acomoda.
Seamos pacientes, tratando de salvar y nos salvaremos, en especial en estos momentos tan necesarios de la participación honesta y decidida por la libertad, para conseguir aquello a lo que todos tenemos derecho: la felicidad, tan amenazada cuando podemos vencer al mal.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

“LA PRODUCTIVIDAD”


“LA PRODUCTIVIDAD”

Ante la gravísima situación económica que estamos viviendo, me hace volver a insistir en la necesidad de que seamos productivos. Pero todos, empresarios como trabajadores, jubilados, parados, amas de casa, jóvenes también en sus estudios,  todos.
Todos tenemos que ser más competitivos y más solidarios, de lo contrario, no creo en fórmulas mágicas, ni nadie nos lo va arreglar.
Por supuesto, todo aquel que ejerce una autoridad, su participación y su honestidad influyen poderosamente en el su medio de actuación, pero al igual los que están bajo la dirección de esa autoridad.
Productividad es: la responsabilidad honesta en el trabajo.
Hoy tendríamos que estar haciendo como hicieron los alemanes cuando perdieron la guerra y estaban en la miseria: todos trabajaban, sin cobrar, primero dos horas y después una, y todos los días. Alemania surgió potente y superó su miseria con rapidez.
Fue una consecuencia de la honradez profesional del pueblo alemán.
Los derechos de los trabajadores, en su empresa, ya sean particulares como públicas, deberían esta relacionadas con la productividad.
Un maula, ya sea empresario como trabajador, nunca deberían estar protegidos por una indemnización cuantiosa, como la de cualquier directivo.
¿Cuál sería la palabra mágica?  LA HONRADEZ.
No puede haber productividad y generar beneficios particulares y sociales si no hay honradez.
La Honradez es el cimiento de la generación de riqueza y del progreso.
¿Cuántos empleados están trabajando mejor, para aumentar la productividad y rebajar los costos?
¿Cuántos jubilados y parados cobrando el paro están dedicándoles tiempo a trabajar por la comunidad?
Por supuesto, hay que ser muy honesto y considerar a la empresa como “MI EMPRESA”. Y el empresario considerar al trabajador como su NECESARIO COLABORADOR.
No existe progreso sin productividad.
Sin productividad no hay competitividad.
La pobreza, y el paro, son una manifestación y consecuencia de la falta de productividad; de la crisis creada por el poder económico perverso, y la falta de honestidad por la carencia de valores éticos o religisos
Es muy difícil que haya paz social y felicidad personal si no hay productividad por la honestidad. Así de claro.
No podemos dejar que la crisis de valores, y como consecuencia el pasotismo e individualismo, se enseñoreé y se hagan dueños de las circunstancias por el poder perverso.
La productividad es un valor moral y práctico
Tenemos que revitalizar nuestro cuerpo social, político y trabajador, - tanto de empleados como empresarios -, por la honestidad y la solidaridad.
Tenemos que ser productivos al máximo. Para ello hay que tener la conciencia clara que el trabajo es un derecho y una obligación.
Hay un derecho a tener trabajo. Pero también existe la obligación hacerlo a la perfección, con productividad por la honestidad
No basta con hacer nuestro trabajo, hay que hacerlo a la perfección. Que nadie lo haga mejor y más rápido que yo.
La productividad tiene que ser uno de los valores que enseñamos a nuestros hijos, y que la practiquemos nosotros, que seamos un ejemplo.
Tampoco se trata de agobiar y angustiar al trabajador o al empresario. Los extremos siempre son malos.
Es sólo vivir la sencilla honradez, y lo demás vendrá por añadidura.
Ser productivo es ser honesto consigo mismo y con la empresa, tanto por el trabajador como por el empresario.

lunes, 26 de noviembre de 2012

CONTESTAR A DON LUIS GONZÁLEZ DE LA COTERA, LIMA, PERÚ.


CONTESTAR AL SR. Y TOCAYO FUTURO AMIGO DON LUIS GONZÁLEZ DE LA COTERA, LIMA , PERÚ.  DE FACEBOOK.


No tengo la suerte de haber conocido a Lima, Perú, ni ir al Machupichu, que tanto he hablado en charlas de él, por lo mucho que significa.
Aquí también llamamos tocayos a los del mismo nombre.
Nací hace 82 años en Las Palmas de Gran Canaria,  Islas Canarias, España.
Me casé con una maravillosa mujer que el 28 de febrero hará 15 años que falleció. Tuvimos 4 hijos, 3 varones y una mujer. Tengo 5 nietos, uno de ellos (una niña) adoptada.
En los años 60 fundamos la Asociación Canaria para Defensa de la Naturaleza ASCAN, de la que fui su primer presidente y me hicieron, cuando me marché, Presidente de Honor.
Después fui concejal del Ayuntamiento de mi ciudad de Las Palmas, del que me tuve que ir por agotamiento después de un poco más de cuatro años.
Salí siendo más persona. Fuimos una corporación que trabajamos por los demás sin pedir nada a cambio. Contribuimos a la transición de la dictadura a la democracia (que ahora está fallado). Fue una época maravillosa, trabajé mucho por la participación de los vecinos, en las asociaciones vecinales, y se fundó  la primera Federación de Asociaciones de Vecinos de España, de la que hoy me honro en ser Presidente de Honor.
Luego fui Presidente de la Asociación de Amigos de la Catedral de Canarias, durante unos ocho años. Hoy Presidente Emérito.
He trabajado  por nuestra catedral más de 15 años.
Dejé la presidencia de dicha Asociación por tres fracasos: intenté colaborar en que se terminase de construir el solar norte de la catedral (que falta por terminar, está inconclusa) y mi trabajo no ayudó. Segundo: sólo se aumentó el cien por cien de los nuevos socios, y por último trabajé porque se constituyese  la Federación Nacional de Asociaciones de Amigos de las Catedrales  de España y la Confederación  Mundial, y también fracasé.
Durante mucho tiempo he participado en la radio, ahora, desde hace unos años, participo en Radio Tamaraceite Onda Parroquial (La Radio de la Diócesis de Canarias). El Sr. Obispo creó un Patronato de la misma y tengo el honor de ser  Patrono.
Soy colaborador de Cáritas (Organización de la Iglesia Católica) en la sección de Apoyo Familiar.
Intervengo en Facebook y Twitter.
Tengo el Blog (lugarcorrea.blogspot.com) desde hace un poco más de seis meses y estoy entusiasmado y admirado por la difusión, lo que me crea una gran responsabilidad, y le dedico muchísimo tiempo a preparar los temas que publico.
En estos momentos hay 5.011 visitas de 33 países.
Soy un admirador de las redes sociales, e intervengo pretendiendo que seamos y participemos una honesta mayoría que, con nuestro comportamiento, hagamos que desaparezca el poder económico perverso que nos está quitando la libertad, y como consecuencia la felicidad.
Noto que en los dos últimos meses he entrado en la vejez. Padre Dios me ha concedido la dicha de poder trabajar intensamente, física e intelectualmente, durante mi vida, y ahora comienza a reducírseme, que acepto con resignación cristiana.
Soy católico practicante. Afín al Opus Dei desde  1994. E intento ser consecuente con mis creencias,  lo que me cuesta trabajo por mis defectos, pero sigo rezando, rezando mucho y asistiendo a diario a la Santa Misa, salvo excepciones.
Hace tres años tuve un grave infarto y me visitó la muerte. Tengo esa gran experiencia. Desde entonces he intentando mejorarme y ayudar todo lo que puedo en el bien de los demás, para, además, poder ofrecer un activo que Padre Dios que me lo pueda considerar en el momento de la espera ilusionada de la muerte.
La vida de cada uno de nosotros no cabe  en un folio, he intentado hacerlo breve para no cansarte.
Me ilusiona me cuentes tu vida. Sin el conocimiento no puede haber relación y menos el cariño y la amistad.
Con los mejores deseos, gracias por concederme la dicha de tu amistad, tienes incondicionalmente la mía, recibe un fortísimo abrazo.

“HABLAR DEL PRESENTE SIN OLVIDAR EL PASADO”


       
“HABLAR DEL PRESENTE SIN OLVIDAR EL PASADO”

Soy viejo y quisiera hablar del presente.
Espero que mis años no me confundan, y me hagan presentar alguna cuestión como si existiera en mi explicación alguna añoranza del pasado.
Creo que “nunca tiempos pasados fueron mejores”, Es verdad que  también “las sociedades se enferman, o pueden enfermarse  como los humanos, y entonces somos nosotros los que hemos de ocuparnos en componerla o curarlas, para que recuperen esa salud que tenían”.
En todas las épocas hay males que corregir; el primero que yo ahora corregiría es elevar en las almas los valores éticos o religiosos.
 Ante el temor a la dificultad, puede aplicarse el dicho:”La fe mueve montañas", y añado: o te permita escalarlas.
La crisis económica  - que para mi superarla es uno de los  valores – es una montaña que hay que escalar, y la fe es el gran medio para llegar a la cumbre.
Así lo creo, y así lo intento explicar y vivir.
Es relativamente fácil escribir, difícil es ser consecuente con lo que se escribe. Y aquí vuelve a intervenir la fe.
Pensar en cuál  es nuestro papel en la vida y cómo podemos ayudar a los demás, hace que se nos ocurran valores que hay que intentar que se vivan con fe, y constantemente, vivirlos.  Para que los valores se conviertan en vivencias y entonces practicarlas  y una de esas vivencias es escribir sobre la búsqueda del bien común.
Desearía que quien me lea intente entender y llevar a la práctica - si no lo hace ya - la vivencia de la fe, como medio para tener serenidad y esperanza de que pueden alcanzarse beneficios económicos y espirituales, y con ello dar ejemplo.
La fe es creer y, a la vez,  actuar en consecuencia, pues eso supone ser coherente: se vive como se piensa.
 “Creer en un mundo mejor y actuar, debería ser la meta, constante, de todos nosotros”.
 “Hechos son amores y no buenas razones”.
 He intentado e intento fundamentar mi vida y mis hechos de acuerdo a los valores con los que me educaron.
Hace años lo hice en cuatro pilares: Dios, la familia, los amigos y la comunidad.
Creo deberíamos fundamentar nuestros hechos de hoy en los vividos anteriormente, en los valores de épocas anteriores si eran valores positivos. Y mejorando o ampliando los que se van descubriendo como importantes: por ejemplo: las solidaridad (he visto a un grupo local de jóvenes maravillosos. la gran esperanza que sean levadura. Que tanto necesitamos)
Por supuesto: es muy importante, y ayuda mucho, haber sido educado en valores.
Pero si no los tiene, hay que buscarlos, para tener una sociedad honesta, participativa y feliz.
Con valores podemos contribuir al presente sin olvidar el pasado.
En espera de haber expuesto la necesidad de desarrollar nuestra buena voluntad y la participación, con valores, para con ellas tener a la sociedad que necesitamos, nuestra vida tenga contenido y sea cimiento de la construcción feliz del presente en libertad.
Como siempre, de usted, de mí depende, y de alguno más, como lo son esos jóvenes que tanto prometen y necesitamos.
Que Padre Dios les bendiga, y nos lo haga a todos.
 

sábado, 24 de noviembre de 2012

“LA AUTORIDAD: DEBE PERSEGUIR AL MALO Y NO AL BUENO”


Este era el tema de hoy, aunque, como digo, dejo el anterior. Espero disculpen mi error e insistencia. Gracias.

 
  “LA AUTORIDAD: DEBE PERSEGUIR AL MALO Y NO AL BUENO”   


Cuando falta la educación y la libertad y, como lógica consecuencia, puede perseguirse al bueno y no al malo.
Las leyes, los organismos públicos y los políticos, componen una parte importante de la autoridad.
Existe autoridad cuando se defienden los intereses de los ciudadanos.
No existe autoridad cuando se defienden los intereses de los malos en detrimento de los buenos.
Tiene que existir una conciencia clara en la sociedad y en cada uno de los ciudadanos de que TODO tiene que estar al servicio de la persona, ¡PERO TODO!
LA AUTORIDAD ESTÁ para SERVIR. Cualquier otra cosa es perversidad y deshonestidad.
Los católicos recordamos aquellas palabras de San Pablo a los colosenses: “despojaos del hombre viejo con todas sus obras y revestíos del hombre nuevo”.
Esto debe de ser nuestra diaria renovación, tanto para no creyentes como para creyentes.
El que tiene la autoridad, debe olvidarse de sí mismo y darse a los demás, ayudándoles a conseguir su pleno desarrollo, sobre la base de lo que es tener una visión global y verdadera  del hombre y de la humanidad. Así es como se ejerce una auténtica autoridad.
Servir a los demás alegremente, sin esperar nada a cambio, salvo el sueldo que todo trabajador se merece y se le debe. Así debería ser la autoridad.
Tener una disposición alegre y humilde, y de tal forma que no sea advertido este comportamiento para que no nos tengan que dar ninguna recompensa a cambio, sólo baste con las gracias, de persona educada.
Servir siempre con  alegría, deseando ser útiles: entonces “servir es reinar”, como diría Su Santidad Juan Pablo II en su encíclica Redemptor hominis.
La vida se compone de una serie de servicios mutuos y diarios.
Al ciudadano educado y correcto el resto del mundo le debe toda atención y servicio. Y el resto del mundo recibe el educado trato y el correcto comportamiento del ciudadano. Así se ejercita la autoridad.
Nada ni nadie es más que otro. Nada ni nadie puede faltar a las reglas de urbanidad y respeto, porque la raíz de esos derechos está en la sagrada libertad.
La autoridad se ejerce respetando la libertad, porque somos libres: que nos lleva a cultivar los valores éticos o religiosos que ordenan nuestro comportamiento honesto, educado y agradecido.
Ser libre para recibir y ejercer la autoridad. Entonces al malo se le castigará y al bueno se le protegerá.
En la espera deseada del mundo mejor que tenemos que construir, reciban todo mi cariño y admiración a quienes ejercen la autoridad y a los que la aceptan porque respeta la libertad y así puede proteger al bueno y condenar al malo, y vivir la felicidad a la que todos tenemos derecho.


PEDIR DISCULPAS.

PEDIR DISCULPAS.

Por error he repetido el mismo tema, ruego me disculpen.
Pero lo dejo, porque lo creo importante dado la necesidad de  ayuda en estos momentos.
Gracias por la bondad de todos ustedes, que, incluso, no me lo han reclamado o advertido.
Un fortísimo abrazo y reitero las gracias.

“AL SERVICIO DE LOS DEMÁS”


“AL SERVICIO DE LOS DEMÁS”


Aunque los católicos tenemos las enseñanzas y el mandato de Nuestro Señor Jesucristo de lo que hemos de hacer por los demás, quisiera ampliar el tema, - y hasta donde sé -, para que nos sirva para todos, porque es para todos, y estoy seguro es lo Él quiere.
“Has bien y no mires a quién”, dice por este refrán la experiencia.
Ese refrán es transcripción de la ley de Dios, que trata de traducir un precepto divino: ”amar al prójimo como a nosotros mismos” a un honesto comportamiento humano: Sería cimiento del ser humano que quiere actuar como  bueno.
No debemos hacer el bien esperando una compensación, ni un fruto inmediato.
La caridad es imprescindible amar al prójimo como a nosotros mismos, sin ella no se puede servir a los demás.
El servicio a los demás es dar sin esperar nada a cambio. Lo recibiremos con creces en la eternidad, y mucho también aquí en la tierra.
Todo lo que hacemos en beneficio de los demás ha de ser de balde.
El dar ensancha el corazón y lo hace más joven. Esto deberíamos tenerlo muy presente los mayores, los jubilados, en especial los egoístas y aburridos que se pasan el día esperando sentados a que les llegue la muerte, sin hacer nada.
Además, el servir, el dar aumenta la capacidad de amar.
El egoísmo empequeñece, limita el horizonte y lo hace pobre y corto.
Cuánto más damos, más enriquecemos el alma, y siempre sin esperar nada a cambio; si no, no tiene valor; porque el que espera algo o agradecimiento: ya no lo hace por el bien de la otra persona.
La generosidad incita a la necesidad vital de dar.
El corazón que no sabe aportar bien a los que le rodean, a la sociedad, se incapacita, envejece y muere.
El dar alegra el corazón, y contribuye, directamente, a la felicidad.
San Pablo alentaba a vivir la generosidad con gozo pues Dios ama al que da con alegría.
No le es grato a nadie un servicio o una limosna hechos con mala gana o con tristeza.
Y San Agustín decía: “si das el pan triste, el pan y el premio perdiste”.
Mucho  podemos dar en servicio a los demás, como: bienes económicos, compañía, cordialidad, atención, dar nuestro tiempo con amor.
Se trata de poner al servicio de los demás los talentos y medios con que contamos.
Urge remover la conciencia de creyentes y no creyentes. Crear inquietud a mujeres y hombres de buena voluntad con el fin de que cooperen y faciliten los instrumentos materiales necesarios para trabajar con las almas y sean servidores de los demás.
La mejor recompensa a la generosidad es el haber dado, y sin recordar a nadie lo dado, nada debe ser exigido ni reclamado. Sólo he venido a servir, decía Jesús.
Debemos comprender a los demás aunque los demás no nos comprendan. Querer, aunque nos ignoren. Hacer la vida amable a quienes nos rodean, sin llevar contabilidad de lo hecho, con corazón grande, siempre con rectitud de intención.
El dar no debe causar quebranto ni fatiga, sino íntimo gozo y notar que el corazón se ensancha, en todos los actos.
Ser generosos en las mil pequeñas oportunidades diarias.
Amar al prójimo como a nosotros mismos, y habremos servido a los demás y recibido la felicidad a cambio de haber empleado nuestra libertad para el bien. Nos habremos enriquecido y habremos dado y repartido el bien que es el nuestro, para el gozo inmediato y el eterno después.

jueves, 22 de noviembre de 2012

“LA FILIACIÓN DIVINA”.


“LA FILIACIÓN DIVINA

Expuesto cómo es mi Dios, me es absolutamente necesario intentar explicar la filiación divina, que materializa esa creencia, y es signo elocuente del amor de Dios por los humanos.
Todos somos hijos de Dios, aunque es una filiación de adopción, no tenemos una filiación de naturaleza como la tiene Nuestro Señor Jesucristo, que es el unigénito (el Hijo único del Padre).
Con el Bautismo se produjo en nuestra alma una regeneración, un nuevo nacimiento, una elevación sobrenatural, que nos hizo participes del la naturaleza divina, que dio origen a la filiación divina.
Por el Bautismo volvemos a oír la voz del Padre que un día se oyó a orillas del rio Jordán:”Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco”. Y llegamos a ser hijos adoptivos de Dios y hermanos de Jesucristo.
San Juan, en el prólogo de su Evangelio, dice: “a cuantos le recibieron (a Cristo) les  dio poder para ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre, que no han nacido de la sangre, ni de la voluntad de la carne, ni del querer de varón, sino de Dios”.
San Atanasio explica: “El Hijo de Dios se hizo hombre para que los hijos del hombre, los hijos de Adán, se hicieran hijos de Dios (…). Él es el Hijo de Dios por naturaleza; nosotros, por gracia”.
Esta condición de hijos tendrá su plenitud en el cielo, y en la tierra la filiación divina es fundamento de la fraternidad cristiana, la humanas, también para no creyentes.
Hijos de Dios, nuestra mayor gloria, y el más grande de los títulos es la filiación divina. No hay nada más grande, impensable e inalcanzable que esta relación filial. Jesucristo habló constantemente de esta filiación a sus discípulos.
Es a partir de esta filiación como entramos en intimidad con la Santísima Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo).
¿Por qué expongo todo esto?
Porque en momentos duros de la vida – como es esta crisis económica provocada por falta de valores y de libertad, con aumento del poder perverso-, en la que parece que el mundo se viene encima, la filiación divina ha de estar presente en todos  los momentos de la vida, dándonos las fuerzas y las esperanzas de un mundo mejor, aquí, y luego en el cielo.
Cada vez hemos de parecernos más a Cristo. Nuestra vida debe reflejar la suya.
Esta filiación divina debe de ser frecuente motivo de oración, y el fundamento, como hemos dicho, de la fraternidad humana.
Amar al prójimo como a nosotros mismos.
Somos hijos de Padre Dios y hermanos de Jesucristo, llamados a amarnos aquí todos y luego en el destino sobrenatural del cielo.
Los católicos tenemos los grandes valedores: Nuestro Señor y su  Madre La Virgen Santísima, a quienes pedimos e imploramos protección y ayuda. Entonces comprenderemos, de forma indubitable la filiación divina, y la obligación de amar al prójimo: tener aquí la paz y la libertad, para luego la eterna contemplación de nuestro hermano Jesucristo y nuestro Padre Dios, junto con el Espíritu Santo en la Patria celestial.
Pues que todo esto les sea de utilidad, - que es lo de más valor que tengo-, y quiero compartirlo con ustedes, por el cariño y admiración que les tengo y por lo mucho que les necesito.




martes, 20 de noviembre de 2012

“LA PARUSÍA DEL PUEBLO HONESTO”


“LA PARUSÍA DEL PUEBLO HONESTO


El término griego parusía significaba, en el lenguaje profano, la entrada solemne de una autoridad en una ciudad o provincia, donde era recibido y saludado como su salvador. Hoy quisiera usarlo para explicar una vivencia personal muy reciente.
Espero el día grande de la humanidad (aunque no lo viva), cuando la honesta participación de la mayoría imponga sus valores sobre el poder perverso, y entre en la vida de todos, haciéndonos comportarnos como hermanos, más allá de cualquier diferencia.
Sería el punto de partida para un nuevo cómputo del tiempo, una nueva forma de vivir libres y felices.
Sería el día de la PARUSÍA del pueblo honesto.
¿A qué esperamos? En mi pueblo de Tamaraceite, hay un grupo maravilloso de jóvenes que viven ese comportamiento, lo comparten y lo están contagiando. Es la gran esperanza, ser levadura que fermente la masa inerte del pasota y del individualista.
La esperanza nunca se pierde. Yo lo he vivido el sábado 17 de noviembre de 2012, cuando me reuní con el grupo que he mencionado. Son jóvenes que participan honestamente en la búsqueda del bien de los demás y no piden nada a cambio
Ellos practican la regla de oro: Amar a los demás como a nosotros mismos.
El día en que el bien conquiste al mal perverso está cerca.
El desprendimiento, la participación y la honradez de estos jóvenes, deben inspirarnos para hacernos dignos de ese reino de paz, de libertad y de felicidad, al que todos tenemos derecho.
Los pasotas e individualistas habrán dejado de cooperar con los poderes perversos. Habrán dejado su pasividad o inactividad. Habrán dejado de ser enemigos de si mismos y de la comunidad.
Sólo necesitamos que se les conozca y vayan fermentado, como la levadura, la masa inerte de la sociedad, creando la necesaria honesta participación para que se nos dé el alimento material y espiritual que necesitamos,
Desde ese día soy otro. Estoy lleno de esperanza e ilusión.  Mis inquietudes por el bien de los demás han aumentado.
La época final de mi vida está siendo tremendamente enriquecedora y feliz. Tengo una enorme esperanza de dejar de ser esclavo y vivir la sagrada libertad. Mi ilusión porque desaparezca la apatía y la despreocupación, que tanto daño están causando, se ha reactivado.
No deberíamos escuchar frases como: ¿A que viene todo esto?  ¡Si a mí lo único que me interesa es lo mío, mi trabajo, mi familia, mis amigos, lo demás no me importa ni me interesa!
¿Qué me importa la vida de los demás? ¿Y qué les importan a los demás mi vida? Yo no me meto en lo de nadie, que nadie se meta en lo mío.
¿Qué espantosa realidad? ¿Cuándo dejaremos de oír estas frases de personas sin valores, egoístas, maleducados? Además son carne de la miseria, de la desilusión y de la apatía.
¡Claro que usted me interesa! Me interesan sus circunstancias. Me interesa su libertad y su felicidad. ¡Son parte de todos nosotros! ¡Usted no está excluido!
Somos seres comunitarios, no anacoretas. Afortunadamente, todos vivimos interrelacionados. ¡Esto es lo que nos enriquece!
Hasta tanto oigamos esas frases y veamos esos comportamientos, tendremos que reforzarnos en la fe, e impulsar intentando acrecentar ese y esos maravillosos grupos,- que seguro los haya y los habrán-, ampliando su acción benefactora, que vencerán al perverso y nos dará la plena felicidad y la plena libertad.

domingo, 18 de noviembre de 2012

“AL SERVICIO DE LOS DEMÁS”



 “AL SERVICIO DE LOS DEMÁS” 

Los católicos tenemos el mandato de Nuestro Señor Jesucristo de ponernos al servicio de los demás. Personalmente, me gusta ampliar el foco, pues entiendo que esta norma sirve para todos, es para todos. Estoy casi seguro que es lo Él quiere.
“Haz bien y no mires a quién”, dice la experiencia.
Quien intenta poner en práctica el refrán, con su honesto comportamiento, tiene una referencia segura: amar al prójimo como a nosotros mismos. Este es el cimiento de la vida del ser humano bueno.
No debemos hacer el bien esperando una compensación, ni un fruto inmediato.
La caridad no pide recompensas, y sin ella no se puede servir a los demás.
Servir a los demás es dar sin esperar nada a cambio. Lo recibiremos con creces en la eternidad, y puede que algo en esta vida.
Nada se pierde cuando se trabaja por el bien de los demás.
El dar, ensancha el corazón y lo hace más joven. Esto deberíamos tenerlo muy presente los mayores, los jubilados, en especial los egoístas y aburridos que se pasan el día esperando sentados a que les llegue la muerte.
El servir, el dar aumenta la capacidad de amar.
El egoísmo empequeñece, limita el beneficio y lo hace pobre, corto y hasta amargo.
Puede resultar paradójico, pero es así: cuanto más damos sin esperar nada a cambio, más nos enriquecemos el alma. El "do ut des" (te doy para que me des) no tiene ningún valor.
La generosidad convierte el "darse" en una necesidad vital.
El corazón que no sabe aportar un bien a los que le rodean, a la sociedad, se incapacita, envejece y muere.
El dar alegra y engrandece el corazón.
San Pablo alentaba a vivir la generosidad con gozo pues “Dios ama al que da con alegría”.
No le es grato a nadie un servicio o una limosna hechos con mala gana o con tristeza.
San Agustín decía: “si das el pan triste, el pan y el premio perdiste”.
Mucho podemos dar en servicio a los demás: bienes económicos, tiempo, compañía, cordialidad, atención etc.
Se trata de poner al servicio de los demás los talentos y medios con que contamos.
Urge remover la conciencia de creyentes y no creyentes. Crear inquietud con el fin de cooperar y facilitar los instrumentos materiales y espirituales necesarios para trabajar como servidores de los demás.
Debemos comprender a los demás aunque los demás no nos comprendan. Querer, aunque nos ignoren. Hacer la vida amable a quienes nos rodean, sin llevar contabilidad de lo hecho, con corazón grande, siempre con rectitud de intención.
El dar no debe causar quebranto ni fatiga, sino íntimo gozo y notar que el corazón se engrandece en todos los actos.
Ser generosos en las mil pequeñas oportunidades diarias.
Amemos al prójimo como a nosotros mismos, y habremos servido a los demás.
Nos habremos enriquecido y habremos repartido el bien, - que también es el nuestro -, para el gozo de ahora y el eterno después. Y habremos dado y recibido  la felicidad por la bendita libertad.
Dichoso aquel que sirve a los demás, será amado por los de aquí y por El de Allá.

viernes, 16 de noviembre de 2012

“QUERER SER HONESTOS”


“QUERER SER HONESTOS”  


La honestidad espiritualiza y perfecciona al ser humano.
Honestidad es decencia. Es moderación en la conducta. Es querer hacer el bien.
Crecer en honestidad: ésta debería ser la meta de cada uno. Querer ser honesto y llevarlo a la práctica.
Y la honestidad incluye la participación.
No se puede alcanzar el bien de uno mismo sin contribuir al bien de los demás.
Honestidad y participación son dos vivencias absolutamente necesarias para el progreso moral y material, para ser más libres y más felices
El deseo de ser honesto abre el alma y el corazón: libera lo bueno que somos capaces de ser y realizar, y lo ofrece a los demás. Bondad compartida.
Compartir es la consecuencia de la honestidad.
El grado máximo de la honestidad es el amor. Es la cumbre que tenemos que escalar a diario. En la medida que somos honestos, en la medida que compartimos, en esa misma medida, el amor aumenta y se desborda, se reparte.
Honestidad y honradez son sinónimos. Ambas significan tener recto comportamiento, tener un comportamiento probo.
“La honestidad es estar al servicio por amor”.
El poder de la honesta participación es tan grande que anula cualquier intento de ser subyugado, de ser sometido. Por eso reclamo, constantemente, la honesta participación de la mayoría para imponer, pacíficamente, normas de convivencia que nos den la plena libertad, para la plena felicidad.
No conozco otro medio de anular al poder económico perverso.
Según el Espasa Calpe: El bonum honestum (el bien honesto) es el bien que tiene razón de fin y que por lo mismo ha de considerarse expresión del ideal humano.
Ser honesto ¡Qué maravilla! Además es contagioso y eleva las virtudes y valores éticos o religiosos, tan necesarios para una vida normal y feliz.
No hay honestidad sin valores. No hay valores sin honestidad. Sin valores no hay felicidad. Vivir sin valores anula o disminuye la libertad.
La honestidad nos hará libres y felices.
Pero ¿hasta cuándo estaremos esperando? ¿hasta cuándo?
¿Hasta cuándo dejaremos de ser esclavos y podremos gozar la felicidad de la plena libertad y del pleno amor, conseguidos a través de la honestidad?
No sé si he sabido explicarme: ¿Qué es ser honesto y querer serlo?
Se es honesto cuando uno se pone al servicio del amor. Esta disposición fortalece la libertad y aumenta la felicidad.
Por eso hay que ser honesto, y querer serlo.