viernes, 28 de junio de 2013

“CASUALIDAD”

Víspera de San Pedro y San Pablo, en la que quemamos las tradicionales hogueras, - de tan ancestral significado -, a las que quiero unir: quemar las amarguras del pasado.

“CASUALIDAD”

No creo en la predestinación.
El diccionario define al predestinado cómo: "destinado por Dios desde la eternidad para lograr la gloria". La Academia añade un curioso sentido figurado: "cornudo".
Hace poco tiempo viví un hecho personal de triste y amargo recuerdo. Casi al mismo tiempo mi mercedes utilitario llegó a los 175.000 kilómetros recorridos, cantidad que, aparte de ser un número llamativo, suma trece, número de mi predilección.
¿Alguien cree en los números, dándoles un significado especial? Yo no. Tampoco creo y quiero las consecuencias de lo figurado.
Puede que exista un estudio, o algo parecido, que nos ayudara a esclarecer lo que suele llamar "casualidad". Digo "casualidad", no “causalidad” (relación  entre la causa y el efecto).
Soy un ser apasionado. Mi cariño nunca es a medias, siempre es total y sin reservas.
Quiero al ser humano apasionadamente, y no hay qué, ni quién aleje ese cariño de lo más hondo de mi corazón.
Claro, siempre me arriesgo a perder. He perdido. Y seguiré perdiendo. Pero no quiero cambiar, ni por los números, ni por causa de ningún ser  humano.
Amar es la cumbre del espíritu. Y si lo es sin pedir nada a cambio, conduce al espíritu al nirvana terrenal.
Quiero seguir amando apasionadamente.
Nunca debemos olvidar el cariño, el amor y la pasión.
Dejemos que la belleza del amor profundo siga inundando el alma. Y que los huecos, los vacíos que se hayan podido crear por el abandono de otros, sean reemplazados por todos esos otros seres que estaban esperando. El refrán manifiesta una gran verdad: “no ha mal que por bien no venga”.
Jamás perdamos la esperanza, las ilusiones y menos el amor apasionado. Son parte importante de la felicidad y de la libertad, que, además, tenemos que dar a quien quiere de verdad, y nos estaba esperando.
Amor con amor se paga. Y amor con amor se vive hasta la eternidad.

martes, 25 de junio de 2013

“REPOBLAR”


“REPOBLAR”

Repoblar es volver a poblar, ya sea de seres humanos como de plantas. Los dos son valores. Ambos enriquecen, unos a la humanidad y otros a la Naturaleza.
Repoblar es comenzar: en lo humano es volver a habitar lo despoblado, y en la Naturaleza volver a replantar lo que había desparecido. Es devolver lo debido a la Naturaleza.
Se lo devolvemos porque la deuda es tan grande que puede llegar a ser imposible de pagar, puede llegar al momento de no retorno.
Los humanos repoblamos cuando estamos en continuo crecimiento vegetativo como especie. Y en la Naturaleza repoblamos cuando nos damos cuenta del daño que nos hemos causado y le hemos causado, y entonces  intentamos compensar y regenerar el tejido dañado.
Repoblado, esos árboles crean el hábitat que existía, y comienza el maravilloso proceso de regeneración natural. Los pájaros vuelven y transportan las semillas fértiles, haciendo que comience el natural ciclo reproductor y poblador.
Cuando se ha restablecido el ciclo, la Naturaleza es tan sabia que ya no necesita la ayuda humana. Se reproduce sola y regenera el paisaje con todos los beneficios inherentes.
Tan fácil como es. ¿Por qué no lo hacemos?
Seguimos necesitando, por el individualismo y pasotismo, a los grandes hombres que, con su cultura, sensibilidad y honestidad repueblan. Ellos son los patricios de la Naturaleza, restableciendo la armonía que existía entre el hombre y su medio ambiente.
Es maravilloso ver cómo, en tan sólo años, un paisaje desértico -cuando lo es por la nefasta acción humana-  comienza y continúa la imparable repoblación.
Unas plantas ayudan a las otras. La semilla se va esparciendo y germinando, creando el nuevo bosque, que siempre  ha sido tan necesario y  siempre lo será.
Seamos lo que somos y lo que demos ser: humanos honestos y participativos, y las repoblaciones serán el gozo de los hechos, de la vista y de nuestro hábitat.
Dejemos que los bosques sean lo que son, y la Naturaleza volverá a ser lo que ha sido: nuestro hábitat natural y necesario para la vida natural.
Y todo tan fácil como repoblar, lo demás lo hará la Naturaleza, ya sea por las plantas como por los animales.
¿Y por qué no lo hacemos, si lo saben hasta los niños?
¡Hay de aquel o aquella que es un depredador y destructor! Siembran el mal y recogen el mal.
Sembremos el bien, y lo recogeremos.
Ya no podemos pensar en qué hacer, sólo hacer.
“No hay derecho a lo que hemos hecho”.
Sembremos árboles y actos solidarios –siendo lógicamente honestos y participativos– y la luz de la esperanza brillará acercando el futuro horizonte, y convirtiéndolo en el presente. En ese mundo mejor que tanto necesitamos para la plena felicidad y la plena libertad.
De usted, de mi depende. ¿A qué esperamos?
Repoblar es enriquecer el habita natural del ser humano, y en la Naturaleza devolverle lo que le habíamos quitado.
Entonces habremos restablecido el paraíso perdido: nuestro bello Planeta Azul.

domingo, 23 de junio de 2013

viernes, 21 de junio de 2013

“ALGUNOS DEBERES Y ALGUNOSDERECHOS”


“ALGUNOS DEBERES Y ALGUNOSDERECHOS”

Me gusta repetir dos frases muy conocidas. Primera: no basta con ser bueno, hay que parecerlo y demostrarlo. Segunda: todos nos equivocamos.
Si todos tenemos el deber de exponer nuestro criterios con el deseo de colaborar al bien,- no imponiendo, aunque se tenga razón -, también todos esperamos que los demás ejerzan su derecho a opinar, - con el mismo deseo de hacer el bien -, para esclarecer errores.
Unos y otros debemos expresarnos, porque de la discusión nace la luz.
Es preferible expresar una opinión razonada, - siempre que podamos, porque el deber es constante -, a permanecer callados.
La incomunicación genera mal y, por tanto, no beneficia.
También los extremos son malos.
Y ¿todo esto a qué viene?
Me preocupa el no saber si mis temas son correctos, si estoy exponiendo lo que debo y si lo digo adecuadamente.
No pretendo imponer, me limito a exponer. La razón es bien sencilla: sólo me creo hijo de Dios, con todos los defectos y virtudes de cualquier ser humano.
Les ruego, con toda sinceridad y honestidad, que me ayuden.
Opinen. Sugiéranme temas que consideran importantes estudiar y tratar.
Decir cosas es fácil. Razonarlas es más difícil. Y así y todo, uno puede equivocarse, y necesita que se lo digan para corregir los errores, aunque sean involuntarios y procedan de la mejor intención.
Los años nos dan experiencia, pero no dogmatismo. Muchos conocimientos, pero no siempre certezas.
La buena voluntad disminuye los errores, pero no los evita.
En espera de recibir, cuando puedan, la necesaria honesta información de ustedes, haciéndome ver los errores que cometo, así como qué otros temas se deberían tratar, reciban, como siempre, mi eterno agradecimiento, y que podamos tener la plena felicidad, que es para lo que hemos nacido.
Repito: no basta ser bueno, hay que demostrarlo.
Mi deber es motivar y aclarar si es posible, y su derecho es aceptarlo o rechazarlo, pero nunca despreocuparse.
         





martes, 18 de junio de 2013

MÁXIMA DE MI VIVENCIA Y CREENCIA.



MÁXIMA DE MI VIVENCIA Y CREENCIA.



Quien no lucha por lo que dice que quiere,

 y no lo demuestra con hechos,

      no se merece el cariño que dice que quiere”   

“VALORAR LO QUE TIENEN LOS DEMÁS Y LO QUE TENEMOS NOSOTROS”


“VALORAR LO QUE TIENEN LOS DEMÁS Y  LO QUE TENEMOS NOSOTROS”

Quizá sea frecuente que valoremos, positiva o negativamente, aquello que tienen los demás y no hagamos lo mismo con lo nuestro.
Ejemplo: ¿Qué cosa le envidio a esa señora? ¿Qué le envidio a don mengano tal otra? Le envidio su coche, su casa, su ingenio, su forma de ser etc.
¡Si yo tuviera tal cosa, otro gallo cantaría! ¡Si yo tuviera! ¡Si yo tuviera! Y ¿Cuántas cosas  tienes? Y ¿Cuánto te sobra de aquello o de lo otro?
Salvo los que realmente tienen problemas, los demás somos unos afortunados, y dentro de esos afortunados los hay pasotas, individualistas y mentirosos, que es una forma de infortunio en esta grave crisis de valores.
Pero normalmente disculpamos a aquellos que han pasado por lo que nosotros hemos pasado.
Igualmente se suele exigir a otros diciéndoles ¿si hubieras pasado lo que yo he pasado? Verías las cosas de otra forma.
¿Cuántas y qué cosas nos sobran y cuáles nos faltan?
¿Qué importante es la educación recibida? Lo es para todo.
Sin olvidar que se pueden tener tres carreras universitarias, y ser un mal educado. Se podrá tener una gran información pero no le ha calado la formación o educación en valores morales o religiosos.
¿En qué aspectos valoramos a los amigos? Y ¿En qué aspectos valoramos al vecino, al compañero, a los que les decimos que le queremos, a los que nos rodean...?
Una de las formas de repartir felicidad está en reconocer esa valoración; porque a ellos les produce un estímulo para seguir haciendo el bien.
Una de las grandes satisfacciones humanas es el reconocer las virtudes de los demás, las de mi vecino, las de mi compañero, las del que está junto a mí. El reconocimiento por  mí de las virtudes de los demás produce en ellos una satisfacción que les anima a seguir siendo mejores. Y esa satisfacción les fortalece para seguir tratando de mejorar y aumenta su felicidad y la nuestra, al ver que la bondad se establece a nuestro  alrededor y todos participamos de ella y somos más felices.
La triste envidia es, desde Caín, uno de los males bíblicos que enerva al que la tiene y termina haciendo daño al envidiado.
La envidia es una tendencia contra la  que debemos luchar para erradicarla, y en la medida que luchamos, en esa misma medida, nos fortalecemos y ampliamos la felicidad
Uno de los grandes logros de la felicidad es no es tanto no tener sino no desear: No está en tener sino en no desear.
El desprendimiento es algo que deberíamos practicarlo y fortalecerlo desde niños, para que de mayores sea un acto reflejo.
Más que ver lo que tienen los demás y a nosotros nos falta, miremos y apreciamos lo mucho que tenemos, todos, conformémonos con lo que tenemos y estemos alegres y felices con lo que tenemos, y repartamos esa felicidad con lo que aumentamos la nuestra, y así hasta que esta actitud llegue a muchos.
Por supuesto, es fácil hablar, pero el hablar de cosas buenas también compromete; eso es lo que nos pasa a los que hablamos por la radio que lo que decimos nos compromete pues luego tenemos que vivir aquello de lo que hablamos para ser consecuentes.
Pero esto no es sólo para mí; todos, hablemos o no en la radio, creyentes o no, estamos comprometidos desde que nacimos, y, ahora, con la tranquilidad del que escucha y con la conciencia clara, valoremos lo que tenemos y demos gracias a Padre Dios y la Santísima Virgen del Pino por todos los beneficios que hemos recibido y por todo lo que tenemos.
Valoremos lo que tenemos, así fortaleceremos nuestra veracidad, y con ella ayudaremos a los demás también busquen cuál es la verdad de su vida y eso les llevará a ser más felices.
Preguntémonos: ¿qué es lo que valoramos en nuestra vida y la vida de los demás y cómo podemos hacer las cosas, para no ser envidiosos, no mentir y ayudar y dar optimismo a los demás?

domingo, 16 de junio de 2013

MÁXIMA DE MI VIVENCIA Y CREENCIA.


MÁXIMA DE MI VIVENCIA Y CREENCIA.

Quien perdona y olvida
le saca una buena ganancia,
a la alegría de la vida.

sábado, 15 de junio de 2013

“MI CREENCIA ACERCA DE LA VIOLENCIA”

“MI CREENCIA ACERCA DE LA VIOLENCIA

¡Revolución! Sí, me considero un revolucionario, y quiero y deseo ser muy activo. Desde hace muchos años estoy comprometido con la única revolución que, a mi modesto entender, provocará el cambio profundo y duradero que todos deseamos, merecemos y creo necesitamos.
El mal solo se vence con el bien.
Por eso intento, en la medida de mis posibilidades, fomentar la honestidad. Primero en mi conducta,  luego en la de quienes me rodean, y si pudiera en el mundo entero.
Hago todo lo que puedo por generar una mayoría que provoque el cambio con su buen hacer.  Que lo imponga con su participación y honesto comportamiento. Que revolucione al mundo, con el bien.
No entiendo el odio ni la violencia. Cualquier acto violento es tan dañino como el mal que pretende remediar.
El mal solo engendra mal.
El paternalismo, por ejemplo, es peor que el mal que pretende corregir. Sus frutos son la desilusión, el pasotismo y el individualismo.
Me gusta la palabra lucha, y no se vivir sin ella, y ni quiero. Vivo con ella. Pero sin lucha personal, la lucha social no tiene sentido. Si yo soy menos egoísta, menos soberbio, mejor trabajador, buen padre, amigo leal, fiel a la palabra dada, trato de ser santo, participo... contribuiré a crear un ambiente de generosidad, de escucha, de respeto, de profesionalidad, de lealtad, de amistad, reforzaré los lazos familiares y del amor ... En definitiva, me comportaré honestamente y contagiaré la honestidad, la participación, y la responsabilidad personal y social. Porque el bien es atractivo y se desea tener.
Amar al prójimo como a nosotros mismos.
El mal no se mata. El mal se cambia por el bien. El bien desplaza al mal.
La riqueza (no me refiero únicamente a la económica) y la felicidad (la verdadera felicidad) se crean. No pueden imponerse. Y menos con la fuerza.
La libertad es el cimiento de la felicidad, y la antítesis de la violencia.
Esto es lo que creo, lo que intento vivir y transmitir, y a lo que le he dedicado una parte importante de mi vida, y le dedico, por convicción y por obligación.
La violencia engendra violencia. Y el amor engendra el amor.
Quiero, apasionadamente, al ser humano, y por el daría mi vida, como la doy por Padre Dios, que es Amor.
Por el querer, por el amor no se puede creer y menos practicar la violencia.
La violencia es el rencor y el odio, la violencia es la maldición.
Uno de los tantos ejemplos del bien que hacer por la paz (no violencia) y ser seglar, no católico, de otra raza etc. fue Mohandas Karamchand Gandhi.
No existe justificación a la violencia.

viernes, 14 de junio de 2013

“LA SUPINA IRRESPONSABILIDAD”


“LA SUPINA  IRRESPONSABILIDAD”

Vivimos en Gran Canaria (España) uno de los momentos más trágico de su historia reciente. Sin duda, el más trágico de la historia que he vivido y recuerdo.
Nuestra economía está “en caída libre”, según el diagnóstico de mi querido y admirado don Juan Arencibia Rocha.
No sé si hay algún estamento particular, social, empresarial, político local o nacional, que luche, denodadamente, para parar esta caída. Poco podrá hacer si no permite que la sociedad civil asuma sus responsabilidades y tire hacia arriba en la parte importante que le corresponde.
La corrupción es un hándicap.
Aquellos responsables políticos -meros administradores-, algunos ya estigmatizados por sus comportamientos deshonestos, no sólo retrasan el progreso, sino que lo destruyen.
El ejercicio del poder que se concede a los que ostentan algún tipo de autoridad tiene una repercusión inmediata y determinante en las familias y en la economía.
La autoridad conlleva la toma de decisiones.
La honestidad, la participación.
La participación honesta es la voz de la autoridad disidente, la mayor fuerza frente a la autoridad "legítimamente" constituida.
Para que la autoridad se ejerza de manera honesta, es imprescindible la participación mayoritaria del pueblo, cuya responsabilidad es máxima.
Lo contrario es la supina irresponsabilidad, que, desafortunadamente, campa por sus fueros en estos momentos de la historia.
¡Dios mío! ¡Cuánta irresponsabilidad! ¡En qué poco tiempo se ha enseñoreado del cuerpo social! ¡Qué necesaria y urgente es la responsabilidad honesta!
Cada uno nos debemos preguntar ¿cómo colaboro a aumentar o mantener la irresponsabilidad?

martes, 11 de junio de 2013

“PRINCIPIO AGUSTINIANO”





“PRINCIPIO AGUSTINIANO
                              



El principio agustiniano dice: “en los asuntos necesarios unidad, en los opinables libertad, en todos caridad”.
Y todo basado en ese don inconmensurable y de otro tanto de responsabilidad, que es: LA LIBERTAD.
La libertad es la virtud y la responsabilidad de poder elegir entre el bien y el mal.
La libertad y ese principio, manifiestan que esta unidad no es uniformidad, nos empobrecería.
La diversidad es riqueza, con la que damos gloria a Padre Dios.
Nunca debemos estar evaluando nuestras buenas acciones. Ni de estar pendiente de las acciones de otros. Debemos meternos en nuestros corazones y ver si nuestras actuaciones buscan el bien ajeno, y si es a fondo perdido o, por el contrario, esperamos compensación, el pago.
La grandeza radica en el desprendimiento, al que todos podemos y debemos llegar, y un medio es aplicar el principio agustiniano.
¿En qué estamos aplicando todos los talentos que hemos recibido? ¿En qué lo estamos usando y desarrollando?  Y llegaremos a la realidad de nuestros actos.
No basta con ser bueno, hay que demostrarlo. Así lo creo, aunque cuesta.
Nunca tenemos  el monopolio de la verdad. Si el respeto a toda creencia honesta y natural.
En la iglesia católica  – con misión universal - tenemos a Pentecostés, que es la consagración de todos los caminos, no uniformidad violenta. No excluimos a nadie, y menos por creencias.
Por eso luchamos y consideramos tanto a la amistad, teniendo, cada cual, sus circunstancias personales.
Respetamos y amamos la diversidad de formas de ser, y vemos como riqueza el que seamos diferentes.
Comparamos a la Iglesia con el cuerpo humanos, compuesto por diferentes miembros y bien unidos a la vez.
La diversidad, lejos de romper la unidad, es condición fundamental.
Unidad en la verdad, en la caridad y en la libertad; pluriformidad de espiritualidades, como dijo el Sínodo Extraordinario de 1985: “es una verdadera riqueza y lleva consigo la plenitud, es la verdadera catolicidad”. Lejana de los falsos pluralismos.
¿Cuánto deseamos la unidad?  Que todos sean uno.
¿Respetamos la legítima variedad de caracteres, de diferentes enfoques en lo que es opinable, de gustos? ¿En todo aquello que no se opone a la doctrina de Nuestro Señor Jesucristo? Si así es, somos buenos cristianos y buenos ciudadanos.
Somos distintos y cada uno con su propia personalidad, creyentes o no, pero luchando por mejorarnos, en especial en  el amor a Dios y al prójimo.
“En los asuntos necesarios unidad, en los opinable libertad, y en todos caridad”.

domingo, 9 de junio de 2013

viernes, 7 de junio de 2013

“LA DESILUSIÓN”


“LA DESILUSIÓN

Nunca se deja de aprender.
Tener ilusión es necesario. La ilusión es fuente de vida y de renovación. El hombre, la mujer ilusionada son siempre jóvenes, diga lo que diga su carnet de identidad. Pero las ilusiones hay que gestionarlas con cautela y prudencia. Una cosa es tener ilusión y otra hacerse ilusiones. Por ejemplo, reconozco que soy creído por naturaleza. Y que, a veces, los sentimientos me ciegan y me la juegan.
La ilusión buena es como la fruta madura. Cuando un hecho nos genera una ilusión hay que saber esperar, dejar pasar un tiempo prudencial. La ilusión buena requiere unas gotas de sano realismo. La paciencia del agricultor, esa mezcla de entusiasmo y experiencia.
Soñar y tener ilusiones es maravilloso. Pero no se puede vivir de ilusiones. Si lo que espera con excesiva ansiedad no llega a realizarse; si no se acepta la posibilidad de que no exista ... la tristeza se apodera del corazón. Y deja una huella, malogra a las personas: hombres y mujeres desilusionados, atrapados por las malas experiencias.
Los valores que uno aprende desde niño ayudan a evitar la desilusión. O, si se prefiere, a domesticar la ilusión.
A veces, la desilusión tiene su origen en la mala voluntad de una persona. Es decir, alguien, con su comportamiento, con su actitud, nos desilusiona. ¡Fulanito, fulanita, me ha defraudado! Pensamos o decimos, en tono de queja, a menudo. Hay que tener en cuenta que, en estos casos, se suele producir un efecto bumerán: la desilusión afecta también a quién la provocó. Regresa a su origen.
Por este motivo hay que rezar mucho.
Cuando mi desilusión tiene su origen en el comportamiento de alguien, hay que rezar por ella o por él. El que desilusiona, la que desilusiona, también es víctima del mal que ha originado.
Nunca hay razón para desearle el mal a nadie, tampoco a quien nos defrauda o desilusiona. Al contrario, el odio, la venganza, multiplican el mal causado. Comprender, disculpar, rezar mitigan el daño: sanan a quien lo recibe y a quien lo produce.
Sólo las almas grandes, los gigantes del amor, son capaces de actuar de esa manera. La mayoría se regodea en el mal, o simplemente deja que sufra el dañado, olvidando que le llegará el mal causado.
Si la desilusión viene sola, puede ser causa de bien. Lo malo es que venga acompañada del rencor, de la incomprensión o del deseo de venganza. 
El primer Mandamiento de la ley de Dios es la mejor medicina contra la desilusión: amar a Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a nosotros mismos.
Si el mundo en que vivimos es, a veces, desilusionante, es porque no se vive este Mandamiento. Remedios los hay, pongámoslos y reinará la paz. Entonces no habrá quien genere la desilusión, habrá desaparecido uno de los principales elementos perturbadores del genero humano.
Quiero al ser humano con pasión. Confío que no siga viviendo con desilusión

martes, 4 de junio de 2013

“EL CIELO EN LA ESPERANZA”


“EL CIELO EN LA ESPERANZA”


El cielo debe ser nuestra patria definitiva, hacia donde nos encaminamos, y eso lo creemos los cristianos como el encuentro con Padre Dios cuando el alma se separe del cuerpo.
Ese encuentro eterno es a lo que llamamos cielo. El encuentro de la plenitud de la gloria con Jesucristo, su Padre y el Espíritu Santo, su Madre la Virgen Santísima, la corte celestial y a todos nuestros amigos y familiares. La felicidad de ese encuentro.
Del trato frecuente con Jesucristo  nace el deseo de verle y contemplarle, así como la virtud de la esperanza. Claro, los que tenemos la  fe y el amor a ese cielo, creemos todo eso.
 ¿Y los que no la tienen? ¿Qué verán?
Yo creo que lo mismo. Sólo habrá la diferencia entre el que ha obrado bien con el que lo ha hecho mal, ya sea creyente como no creyente.
El pensamiento del cielo nos debería servir para el desprendimiento de las cosas terrenales, y para superar circunstancias difíciles.
No hay palabras para expresar lo que será nuestra vida en el cielo.
“Si la imaginación no puede llegar allí, el corazón llega instintiva y profundamente”.
San Pablo nos enseña ”que ahora vemos a Dios como en un espejo y bajo imágenes oscuras; pero entonces le veremos cara a cara”. Y que la alegría y la felicidad allí son indescriptibles.
“Ni ojo vio, ni oído oyó, ni pasó a hombre por pensamiento cuáles cosas tiene Dios preparadas para los que le aman”.
Dios es Amor.
Y estaremos en el cielo con el mismo cuerpo que hoy tenemos pero purificado y glorificado, sin todo lo malo y caduco.
Resucitaremos. San Agustín lo afirma de la siguiente manera: “Resucitará esta carne, la misma que muere y es sepultada (…). La carne que ahora se enferma y padece dolores, esa misma ha de resucitar”. Tendremos la misma personalidad, con el propio cuerpo, pero estará revestido de la gloria y esplendor de los santos. Tendremos un cuerpo glorioso.
No sabemos cómo ni dónde está ni cómo se forma ese lugar.
Ese cielo nos debe servir para luchar decididamente y con alegría por quitar los obstáculos que puedan impedir llegar a él. Nos debe impulsar a buscar sobre todos los bienes que perduran y a no desear, a toda costa, los consuelos que acaban.
Pensar en el cielo nos debe encaminar a una gran serenidad, y caridad.
Nada de aquí es irreparable, nada es definitivo en este mundo, todos los errores que podamos cometer pueden ser reparados y perdonados. El único gran error sería no desear llegar a ese cielo o no acertar con la puerta que conduce a la feliz vida eterna. Allí nos veremos, y allí estaremos contemplando a Padre Dios por toda la eternidad.
Espero que nos apuntemos todos, creyentes o no. ¿Quién no quiere llegar al cielo?
En esa ilusión me quedo, rezando y pidiendo a Padre Dios nos ilumine y seamos de sus elegidos, porque nos habremos ganado el cielo en la esperanza.

domingo, 2 de junio de 2013