viernes, 30 de noviembre de 2018

“¡MORIR EN SANTIDAD!”




“¡MORIR EN SANTIDAD!”



Morir en santidad es haber vivido como un santo de verdad. Este debe ser el deseo de todo hombre o mujer de bien.
Siendo ese el deseo sabemos que nadie puede asegurar su santidad. Solo Dios juzga las personas, sus obras externas y su interior, su corazón.
Para morir en santidad hay que llevar una vida de fe, humildad, honestidad, amor a los demás y sobre todo para los creyentes: amor apasionado a la Santísima Trinidad, a la Virgen Santísima y a la corte de ángeles y santos del cielo.
"¡La santidad, repito e insisto, no es patrimonio de determinadas creencias religiosas, es patrimonio de la humanidad!"
El ateo –que no cree en la existencia de la Santísima Trinidad: Dios Padre, Dios Hijo Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, y Dios Espíritu Santo- o simplemente no cree en la existencia de Dios tras un cuidadoso examen vital de esa gran cuestión, es y puede ser tan santo como quien cree en Dios.
Una atea, un ateo puede morir en santidad. Lo que decida Padre Dios solo Él lo sabe. Es patrimonio y decisión de la Divinidad.
Los ateos deberían, al menos, sospechar la existencia de Dios, dudar de un tajante “Dios no existe”, porque esa afirmación no se puede demostrar, y porque si hay Dios, el día que mueran se encontrarán con Él. Y de la muerte sí que no hay dudas.
¿Cómo convencer a una atea o ateo de la existencia de un Dios todopoderoso, misericordioso y deseoso de darnos, a todos, la eterna felicidad en su presencia?
Por favor: con todo el AMOR Y AMISTAD de que soy capaz, le ruego a los ateos que, al menos, duden de la no existencia de Dios, y consideren aún con dudas la existencia de ese Dios que nos ama infinitamente, y desea, lógicamente, la eterna felicidad de todo ser humano que nace y muere. Si no lo deseara no sería Dios.
¿Cómo no ver, a lo largo de la vida, los muchos hechos que demuestran la existencia de un Dios que solo desea la plena felicidad para todos? Son tantos los hechos que vivimos que no tienen contestación humana sino Divina. Con solo pensar con honestidad y objetividad veremos que hay hechos que no tienen razón humana sino Divina.
El materialismo es una idea limitada. No responde a muchos interrogantes humanos.
Rezar - que es hablar con Padre Dios, dirigirse a Él - es algo que se puede hacer con las palabras y los pensamientos que se nos ocurran en ese momento.
Rezar no solo es recitar las oraciones ya conocidas y aprendidas desde la niñez, o a lo largo de la vida.
"¡Rezar es hablar con Padre Dios! Dios escucha, y en el fondo del corazón tenemos la experiencia de que Dios nos habla y nos anima".
“¡Por favor: rece con honestidad, humildad, confianza y fe en aquello que medite o en aquello que necesite y pida ayuda, y ya me dirá!”
Por supuesto: debemos pedir por el bien de nuestra alma y para pedir perdón por los errores y pecados. No solo pedir que nos saquemos la lotería ¿Es que si no nos sacamos la lotería ya no creemos en la existencia de Dios?
Dios solo busca el bien humano y divino de usted y de toda la humanidad. Y puede que sacar la lotería no sea precisamente la felicidad, sino la infelicidad, como un caso que conocí, que el haberse sacado la lotería fue su ruina personal y familiar. No supo distribuir el dinero que había ganado, sino que lo derrochó y le llevó a la miseria que no había tenido con anterioridad. Fue su desgracia.
Pongo este ejemplo tratando de explicar que por lo que rezamos debe ser para el bien del alma, y del cuerpo, pero no sólo del cuerpo. Dios sabe más que nosotros. Sabe lo que nos conviene.
Tratar de convencer no es nada fácil, y menos cuando son temas del alma, temas del espíritu.
Pero ¿Y si existe Dios? ¿Qué le dirá el día que muera?  Le dirá “no quise conocerte, tuve todas las oportunidades de haberte conocido, pero no lo hice”. Lo que le diga Padre Dios, no lo sé ni lo sabré jamás.
Trate de morir en santidad porque hay Dios, o al menos por si hay Dios, que seguro lo recibirá en su cielo por toda la eternidad que, por su infinita misericordia, amor y Divinidad, le perdonará y lo acogerá en el cielo prometido. Solo hay que querer.
Morir en santidad debe ser la meta de todo ser humano viviente, que se alcanza con honestidad, humildad, amor y ayudando a los demás.
Para todos los seres humanos, creyentes o no "¡¡¡Morir en santidad es ganarse la eterna felicidad!!!"

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