lunes, 14 de mayo de 2018

ERASE UNA VEZ UN PAÍS LLAMADO: “TE AGARRO POR DONDE PUEDO”






ERASE UNA VEZ UN PAÍS LLAMADO:  
“TE AGARRO POR DONDE PUEDO”


Había un país llamado “Te agarro por donde puedo”. Sus ciudadanos vivían a las órdenes de un régimen en el que podían elegir a sus autoridades, quienes, una vez elegidas, sin contar y sin pensar en sus ciudadanos, los molían a impuestos, mientras que ellos vivían como “el KiKo”: el que hacía las listas, se hacía rico.
Era un pueblo bueno, pero pasota y egoísta. Se conformaba con las migajas que caían de las mesas de los políticos.
Los políticos daban facilidades a sus ciudadanos para comprar teléfonos móviles. A los más favorecidos, que eran los que más sobornos pagaban, les permitían el coche, que era el no va más.
La felicidad consistía en la esclavitud: poseer un móvil, o un coche en el caso de los ricos.
Las autoridades elegidas imponían cargas, en forma de impuestos, que asfixiaban a los que los habían elegido.
Por eso, ese país se llamaba “Te agarro por donde puedo”.
Las autoridades eran elegidas mediante listas cerradas.
Y esas autoridades, sin contar ni saber las necesidades de su pueblo, legislaban a su antojo, para, con los impuestos, invertir en aquello que les pudiese dar algún negocio, en aquello que les interesaba.
Normalmente compraban y producían cosas que eran vitales para otros pueblos, a quienes se los vendían con pingües beneficios. 
Esos pueblos, cargados de inocentes, sufrían: niños, adolescentes, madres, padres y abuelos. La carestía de esos productos, necesarios y vitales, eran comprados por sus correligionarios que no tenía otro medio para sobrevivir. Era la forma y manera de ganar dinero fácil y seguro.
En ese país, “TE AGARRO POR DONDE PUEDO”, había algún que otro trasnochado que se quejaba de la situación que padecían. Pero como no contaba con el apoyo de sus conciudadanos, lo metían en la cárcel por falsedad documental y por injurias  a la autoridad.
Los vecinos de aquel pueblo no salían de sus casas en invierno, porque usaban pantalones cortos por no tener dinero.
Pero acaeció, que una vez, un avión sobrevoló ese país, “Te agarro por donde puedo”, y pidió permiso para aterrizar, porque tenía una emergencia. La tripulación solicitó ayuda - a ese país bendecido por las libres votaciones, en lo que los ciudadanos trabajaban para el buen vivir de sus autoridades - y les pidieron unos repuestos.
Las autoridades pasaron una factura por valor de 1.000,00, desglosada en dos conceptos: 0,7655 piezas y repostaje; y 999,2345 impuestos.
Ante las quejas de tripulación y pasajeros, las autoridades no dieron su brazo a torcer: con esos costos, les informaron, era totalmente imposible hacerles una rebaja.
Hubo otros casos parecidos. Con la experiencia, los aviones que sobrevolaban el país venían acompañados por otro avión, de las mismas dimensiones y proporciones, con un taller para, en caso de tener que aterrizar, les costase más barato que comprárselos a los ciudadanos ese país.
“¡Colorín, colorado este cuento no se ha acabado!”
Les informaré cómo vivían aquellos del pueblo “TE AGARRO POR DONDE PUEDO!”

PS. Cualquier semejanza con la realidad es pura casualidad, y totalmente inesperada, porque hay casualidades que se parecen a la realidad. Además no ha habido ni habrá otro pueblo que abuse tanto de la libertad.

“¡VIVA EL PUEBLO”! “TE AGARRO POR DONDE PUEDO”