viernes, 1 de diciembre de 2017

“! GOBERNAR DE ESPALDAS AL PUEBLO!”




“! GOBERNAR DE ESPALDAS AL PUEBLO!” 



Gobernar de espaldas al pueblo, en democracia, es haber recibido la autoridad por elección libre y honesta, y una vez llegado al poder, a ejercer la autoridad, creerse un iluminado, creerse tener ciencia infusa, porque ya no se cuenta con el pueblo, se decide por el propio criterio y voluntad, o recomendado u obligado por poderes y circunstancias. Pero no por decisión del pueblo.
“¡Un pueblo vive honesta y verdaderamente en democracia cuando está unido y participa honestamente en la gestión social!”
Democracia es un sistema político en el que la soberanía es y está en el pueblo, y el pueblo elige y debe controlar a sus gobernantes. Y los gobernantes estar al total servicio del pueblo. Un gobernante no puede gobernar sin el consentimiento de muchos de sus gobernados. Debe gobernar para muchos, para todos, y no solo para los que le eligieron.
Y si además es una democracia participativa entonces ya no es una devoción que el pueblo participe con sus honestas uniones, asociaciones y partidos, es una ineludible obligación participar honestamente ordenándole y mandándole a la autoridad elegida lo que debe hacer por el bien de todos.
“¡Para que haya una autoridad y gobierno honesto y leal, tiene que haber un pueblo honesto, leal, participativo y unido, para que tenga y pueda dar a la autoridad la información que debe dar!”
“¡Sin unión del pueblo no hay solución!” Sin esa unión la autoridad se vuelve en un dictador.
¿Cómo puede enterarse la autoridad elegida democráticamente de lo que necesita y quiere el pueblo si no hay esa unión que se lo diga?
Hasta donde sé, y por propia experiencia, no existe la menor posibilidad de gobernar con autoridad y honestidad si no hay un pueblo unido y que participa con rectitud y honestidad.
“¡Nadie tiene autoridad si no le es delegada por quien la tiene realmente!”
Quien gobierna de espaldas al pueblo o es un traidor, o es porque no hay un pueblo honesto, participativo y unido que le exija la búsqueda del bien común.
¿Quién tiene la autoridad en un pueblo honesto y participativo, y en un régimen democrático y constitucional? No hay la menor duda: EL PUEBLO HONESTAMENTE UNIDO.