miércoles, 25 de octubre de 2017

“FALTAR AL RESPETO”.




“FALTAR AL RESPETO


Faltar al respeto es una de las acciones comunes en las personas que no tienen en considerados a los demás.
Faltar al respeto es muy fácil, en especial si no se tiene delante al ofendido. Es el caso del cobarde, que no suele ser capaz de enfrentarse al que le falta al respeto.
El valor de todos los seres humanos es incalculable, tanto el del cobarde como el del que falta al respeto. Todos, sin excepción, somos valiosos. Somos únicos e irrepetibles. 
Sólo por esto -ser valiosos, únicos e irrepetibles- deberíamos ser respetados, respetar y ser considerados. La frase, faltar al respeto, debería estar de más, por no necesaria.
La convivencia feliz es un don que hay que mimar y fortalecer a diario.
No hay felicidad ni libertad sin una honesta y respetuosa convivencia.
Faltar al respeto ataca frontalmente a la convivencia feliz y libre.
Siempre llegamos a lo mismo: los padres somos los grandes responsables en la educación de nuestros hijos, y uno de los valores que tenemos que enseñar es el respeto, la consideración y la participación.
Desde niño se aprende a respetar y a no faltar al respeto.
Los países sabios consideran y aprovechan a sus ancianos. Los mayores, los que tenemos muchos años, tenemos la sabiduría de la vida. Somos sabios no por ciencia sino por experiencia, y tenemos la obligación de aportar nuestros conocimientos con nuestra honesta y humilde participación. Es lo que hoy, y siempre, debemos pretender hacer.
La experiencia reclama luchar, en todos los frentes, contra la mala educación, contra la falta de respeto, pues son el origen de una gran mayoría de los males que tenemos.
¡Hay de aquel o de aquella que falta al respeto! Más le hubiera valido haber nacido en otra familia. Aunque hay excepciones: padres buenos e hijos que no aceptan la educación recibida.
No hay razones que justifiquen la conducta del que ofende. El que ofende nunca tendrá razón.
La vida es corta, tiene un valor inconmensurable, está llena de posibilidades, casi ilimitadas, de hacer el bien. ¿Por qué hacer el mal faltando al respeto?
“¡Por favor, ayúdennos a rezar y aclararle el daño que causa el que falta al respeto!”
Nuestro agradecimiento a todo el que colabora y ayuda al bien de los demás, por ejemplo, enseñando al que no respeta. Tendrá una compensación y gracias, tan grandes, que solo caben en el alma.
Faltar al respeto es atacar de frente la felicidad y la libertad.
No se haga nunca merecedor de reproche por faltar al respeto.
Respetar es saber vivir con honestidad.

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