martes, 25 de diciembre de 2012

“LA CORRUPCIÓN”


Muchas felicidades para todos. Esperando que cambiemos el mundo.

“LA CORRUPCIÓN”


La corrupción es un cáncer social de enorme poder destructivo, que puede aniquilar a una sociedad y a todo un país.
Una vez establecida, esta enfermedad no solo la padece una clase social determinada, como serían los cargos públicos o las autoridades. La corrupción se expande y echa raíces en la población, en el pueblo, quien -si no toma medidas y es pasivo- se convierte en un enfermo culpable de su existencia y de su desarrollo.
A veces se da la incongruencia de que algunos políticos -esto es, las personas que deben velar y defender los recursos y medios de la sociedad - se corrompen y corrompen el poder de su autoridad, medran, hacen y deshacen a su antojo, de acuerdo siempre a sus fines privados, y abusan de la libertad.
Un auténtico político es  la persona que dedica su tiempo y amor a trabajar por los demás en la administración de los bienes de la comunidad sin pedir nada cambio. Si esta persona se corrompe y la sociedad lo tolera, esa sociedad es cómplice, tiene gran parte de la culpa, está enferma.
Un pueblo honesto no admite, ni permite que haya administradores corruptos. Sería una contradicción en los términos. Sería ir contra la naturaleza.
El poder perverso provoca, en gran medida la parte, la corrupción de los pueblos.
No todos los miembros de este grupo perverso son iguales: hay ricos y poderosos, hay corruptos, hay pasotas y, sobre todo, hay individualistas.
El poder perverso impone a la sociedad sus normas de conducta para la obtención de sus intereses particulares: incrementar su poder y ganar dinero a costa de lo que sea.
Los perversos contribuyen, cada uno en su parcela, a fortalecer su poder.
Imponen sus normas a la sociedad pervertida, - y aún a los que no lo están -, para la obtención de sus fines corruptos. Estas normas son acatadas, con gran facilidad, y los pueblos las adoptan hasta el punto de considerarlas propias, dedicando su trabajo, sus ilusiones, su vida a la búsqueda y obtención de lo que las han convencido que es la felicidad. Los ejemplos son muchos: tener un coche, comprar ropa de moda, consumir comida basura, ver tele basura, ser un consumista sin otro fin que tener y no poseer.
¡Hay de aquel corrupto que no se arrepienta!
Quisiera que estuviera cerca la hora de la honestidad. No sé calcular el tiempo, espero que sea pronto. Llegará por necesidad, no se puede vivir de esta forma, sin libertad y sin felicidad.
La honesta mayoría impondrá sus normas de conducta eliminando al poder perverso. Y el mundo volverá a ser lo que tiene que ser: un lugar para vivir alegres, en nuestro medio natural, rodeado del bien, disfrutando de las bellezas del Planeta y de la feliz convivencia. Y todo colmado por el disfrute de la libertad, imprescindible para la plena felicidad.
Por favor, acerquemos ese día.
Le necesitamos ya, a usted, a su vecino, a su amigo. Algunos intentamos ser honestos y vivir de acuerdo a valores éticos o religiosos, pero es necesaria la mayoría.
Vivamos la honestidad como norma y no como excepción. La compensación será del ciento por uno: contribuir a la felicidad de los demás multiplica la propia felicidad, y nos hace libres y participativos. 

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