miércoles, 3 de enero de 2018

“¡LA LUDOPATÍA!” “¡EL LUDÓPATA!” “MIS CREENCIAS Y MIS DESEOS”.




“¡LA LUDOPATÍA!” “¡EL LUDÓPATA!” “MIS CREENCIAS Y MIS DESEOS”



“¡¡¡Un amigo taxista me dijo que escribiese sobre este gravísimo problema. Espero haber cumplido con sus deseos. Mis felicitaciones a ese especial gremio de los taxistas. Conocen la realidad de la ciudad y hacen un servicio sin igual!!!”


El ser humanos siempre es atacado por el mal. Pero tenemos los recursos suficientes  y capaces de vencerlo.

“¡Los creyentes tenemos a Padre Dios, sin cuya ayuda nos sentimos incapaces de vencer al mal!”

Entiendo que al no creyente, la educación en valores éticos, morales o religiosos le ayuda poderosamente a vencer al mal.

Los padres – y no me cansaré de repetirlo – tenemos la ineludible obligación de educar a nuestros hijos. No hay disculpas para no dedicarles el tiempo necesario. No hay disculpas para no atender a su educación.

“¡La educación es la gran responsabilidad que tenemos los padres, y el gran valor que les dejamos a nuestros hijos para que puedan hacer de sus vidas una experiencia útil para ellos y para los demás!”

El ser humano es un ser bueno y social por naturaleza. Necesita la ayuda del AMOR Y AMISTAD, y la dedicación de los demás,

Los padres que no ha educado a sus hijos tienen una culpa en el comportamiento de sus hijos.

Los padres que han educado a sus hijos no son culpables del mal que hagan sus hijos.

Las ludopatías son varias, las más comunes son la bebida y el juego.

El ludópata termina siendo un enfermo. Su deseo atrayente a hacer lo que le atrae en su ludopatía termina siendo abrasador, y lo arrastra cada vez más. Le resulta cada vez más difícil de vencer. Lo arrastra de una manera atroz y arrolladora.

El ludópata trata de convencerse a sí mismo de que no puede vencer la atracción que le arrastra a su mal.

Hay que ser una persona muy educada en valores y tener una voluntad de hierro para salir de su mal. La ludopatía lo arrastra sin cesar.

Tiene que ser una persona que tiene la voluntad y el poder de vencer su mal. La ayuda de los demás es fundamental.

A un ludópata le es muy difícil un vencer su ludopatía, porque es una tendencia casi irresistible.

El ludópata es digno de compasión y de tratar de ayudarle hasta la saciedad y sin descansar.

El problema se agrava cuando sus padres, familia, amigos  tampoco son educados. Son incapaces de ayudarles.

Tener hijos es de las mayores glorias y hechos que podemos hacer los padres. Crear una vida invalorable, única e irrepetible. Los hijos son para los padres la gloria terrenal.

Los hijos son la dicha, la ilusión y la esperanza de los padres.

Pues hay quien tiene hijos como si fueran seres irracionales.

¿Qué podemos hacer para ayudar a los ludópatas? Tratar de ayudares, rezar mucho los creyentes y muchos pequeños o grandes sacrificios los no creyentes. La ayuda nuestra no es suficiente, ellos tienen que poner de su parte el deseo y la voluntad. Eso creo. Y eso deseo.

La ludopatía comienza, normalmente desde muy joven, lo que la hace más difícil aún de erradicar.

Los ludópatas tratan de ocultar su irresistible tendencia al mal. Lo que agrava la situación. Hay quien ni reconoce su ludopatía, la trata de olvidar y de disculpar.

“¡Nadie nace ludópata!” “¡El ludópata se hace!”

¿Qué podemos hacer? Rezar y hacer sacrificios implorando la  ayuda de Padre Dios, y la fe y los sacrificios de los que no son creyentes.

Quisiera tener la barita mágica con la que ayudar. No la tengo y lo siento.

Mis creencias, vivencias y deseos en el amor a Padre Dios me abrazan  y las necesito para vivir de forma normal y natural, con honestidad y en libertad.

Por eso rezo sin cesar.

El ludópata y la ludopatías tienen la ayuda que les prestemos los demás y si son con oraciones  y rezos la ayuda es sin igual.








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