“¡UNA COSA ES CONSENTIR Y OTRA SER CULPABLE!”
¡Qué proclives somos a juzgar y a culpar! ¡Cómo nos
gusta!
Es más fácil culpar que tratar de comprender.
Hay quienes se sienten persona, alegres y satisfechos,
cuando culpan a sus prójimos. Se sienten realizados. ¡Qué error más craso y
hasta más cobarde!
Culpar solo lo hacen los jueces. Y los compadezco.
Una cosa es consentir y otra ser culpable.
He oído muchas y distintas versiones del mismo caso. Y
seguro que todas, o casi todas, fueron dichas con la creencia, y a veces hasta
con la convicción, de lo que afirmaban o negaban era verdad.
La maravillosa posibilidad de enterarse – no siempre
de informarse – es hoy mucho mayor que lo era hace años.
Y me pregunto ¿hemos progresado en conciencia,
honestidad y libertad a la misma velocidad que el conocimiento por la inmediata
información del momento?
Desearía, con toda el alma, que hayamos llegado a
adquirir la conciencia, honestidad y libertad capaces de interpretar
correctamente los acontecimientos diarios que se publican y que son objeto de
controversia.
Ruego me permitan añadir lo que titulo el mayor logro
actual de la humanidad: “la honesta globalización”. Ya no hay fronteras, de
espacio y tiempo, para el conocimiento, lo que es maravilloso para ampliar el
saber y el conocimiento real de la realidad mundial; y esto nos debe hacer más
conscientes, más honestos y más responsables a la hora de actuar y al decir.
También he oído y leído las opiniones opuestas y
contradictorias sobre un mismo caso, unos acusando y otros defendiendo lo que
ha podido ser: un consentimiento y no ser culpable.
Una cosa es consentir y otra es ser culpable.
Me parece que no se puede juzgar lo mismo lo que diría
mi mujer de mi, que lo que realmente sería la verdad.
Creo que una buena fórmula para decir con cierta
realidad, sin juzgar y menos castigar, los hechos de los otros es ponerse en su
lugar, y pensar lo que yo haría en esa situación.
Con la misma medida que usemos para juzgar a los demás
nos juzgarán a nosotros.
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Juzgar sin saber, es sembrar el mal que nos podrá
llegar.
No juzguemos y no deberíamos ser juzgados.
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