miércoles, 6 de octubre de 2021

“¡LOS JÓVENES NO TIENEN LA CULPA!”

 

“¡LOS JÓVENES NO TIENEN LA CULPA!”

A lo largo de mi vida -ya larga-  he oído -con cierta frecuencia- generalizar culpando a los jóvenes del mal comportamiento de alguno o algunos mal educados.

Nadie, salvo excepciones, si existe, nace ni maleducado ni bien educado. Nadie es maleducado per se.

Se nace limpio, predispuesto, y receptivo.

Se es maleducado o por no haber recibido la adecuada educación de sus progenitores, o por haberla recibido y no haberla aceptado.

Lo normal en el ser humano es hacer el bien.

La educación es una parte del bien, necesario para poder tener una vida feliz y libre,  y para poder hacer el bien.

Nunca las generalizaciones son correctas. Y menos con los actos humanos.

Somos únicos, irrepetibles y de valor infinito. Con esos carismas y cimientos siempre se puede construir el rascacielos de nuestra vida, que, de acuerdo a nuestro comportamiento por nuestra inteligencia y voluntad y con la base de la educación recibida y los valores aceptados, será lujosa, maravillosa y a imitar.

Los jóvenes, como todo ser humano, nacen, crecen y mueren, y sus vidas serán un reflejo de la educación recibida en valores éticos, morales o religiosos y de la libertad y propio pensamiento, de los que son dueños.

Los jóvenes maleducados no suelen tener la culpa, lo normal es que la culpa la tengan sus padres.

Me horroriza oír esa frase: "le doy a mi hijo, lo que no tuve". Si eso se hace sin explicarle –de forma que lo entienda y lo haga suyo- que lo que les están dando es algo que ha costado trabajo, sudor y tiempo, la próxima vez le exigirá más porque creerá que es la obligación de sus padres.

Así podría seguir enumerando hechos que maleducan a los hijos.

Los jóvenes nacen buenos por naturaleza. Son un libro en blanco que está por escribir.

El mal se engendra con el aprendizaje, la mala voluntad, la falta de valores... Todos sabemos, perfectamente, lo que debemos hacer, seamos jóvenes, padres, abuelos. Si es así: ¡Hagámoslo! Y el mundo será lo que quieren los jóvenes: un mundo pleno de felicidad, y de plena libertad.

Vivamos este necesario y obligado comportamiento que tenemos los padres de educar a nuestros hijos, y les dejaremos la herencia de mayor y de más valor para la vida: la educación.

"Los jóvenes no tienen la culpa".


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